Accidentado viaje en colectivo
No es desusado, y por ello más fácil de deglutir, imaginar a un chofer del colectivo, en que frecuentemente viajamos, y verlo que discute con una pasajera –agriamente- cansado de demandarle: ¿hasta donde va?, y ¿de cuanto es el valor del boleto? Sin que halle respuesta.
Entonces se le puede oír una expresión, más o menos así:
-¡Percanta!, yo te conozco, hace tiempo que alternamos este “bondi”, y me vas trabajando, haces que no te das cuenta, hasta que llega el momento de bajarte y...”me comes el boleto”.
-Cuantas veces me hiciste “caiditas de ojo”...¡atorranta barata!...¿te parece que con esa pinta podes engancharme?. Yo como lomo ¿sabes?. Y no un bagayo como vos. ¡Manyaste nena?, y mirá...tengo conocidos tantos gestos como el tuyo, como hay de indios muertos.
-Mira –frenando de golpe- bajate ¿queres? o te tiro, y agradece que no te meto un palazo o un regio cachetazo porque hoy “tengo que hacer”, y no me voy a arruinar la pinta, ¡chau! ¡si te he visto no me acuerdo!.
Era aparentemente un “oportuno parate” reparador frente a todos lo que nos sucede en esa ola de asaltos, robos, violaciones, y la mar en coche, valía la pena como un aire fresco aquella actitud que luego conoceríamos fue un rapto circunstancial y premeditado.
A ese valiente chofer de pacotilla, cuando lo ven la gente comenta por lo bajo:
Anda “finoli”.
Hiciste la vista gorda,
El chorro le afanó
Al jobato, y se bajo.
Y, vos “muzzarela” caradura.
JFA 03-08-09
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