VAYA UNO A SABER.....
Las personas, a veces, tenemos pensamientos que no los podemos unir, sin embargo no deseamos que se desvanezcan, y los pensamos, queremos asirlos sin lograrlo. No obstante insistimos, no debemos despistarnos y mucho menos diluirnos.
En un barrio de una ciudad luminosa como Buenos Aires, en cualquiera de ellos, “ de los 100 barrios porteños, a veces cuesta explicarlo, en una calle, de una esquina cualquiera, de ese sitio seleccionado, arriba un joven de 17 tiernos años, que regresa de la Facultad.
Simultáneamente, llega a bordo de un automóvil, conduciéndolo a regular velocidad, un odontólogo, que tras haber trabajado todo el día, como siempre, regresa a su hogar.
Mientras fija sus ojos en el tablero cuyo reloj señala exactamente las fatídicas 22 hs., el joven estudiante cruza la acera y el automóvil lo atropella, excluyéndolo de la parábola llamada vida.
No vamos a hablar de la honda tragedia familiar, donde el chico es el mayor damnificado, claro, el perdió todo perdiendo la vida, vamos a soslayarla todo lo posible- buscamos su esencia- y como “En la salud de los enfermos” recalaremos nuestro interés
-circunstancial- desde otra arista, allá la madre, ahora el padre del chico ( nuestro informante), de cuyo nido le arrancaron a su polluelo, el hijo; para lo que se hace de menester toda la capacidad intelectual propia y ajena.
Si convenimos que el auto fue la metafórica bala que mato al estudiante: ¿quien o que fuerza accionaron el arma?.
El chico lleno de vida, todo le sonreía, no podía querer ser suprimido.
El odontólogo, co-protagonista involuntario de este terrible episodio –seria inhumano pensar lo contrario- habida cuenta de que sus antecedentes son garantía, de un profesional lleno de virtudes.
En este punto comenzamos a descartar puntos de apoyo:
Los Kabbalalistas –estudiosos de La Biblia- proclaman que el ser humano solo ve el 1% de lo que la naturaleza expone ante sus ojos, e ignora el otro 99% por una forma de velo que se interpone ante los no iniciados. ¿Como develar este misterio?.
Todos somos hijos de la excelsa, armónica y exacta naturaleza. Recibimos la vida en la concepción y la atesoramos o perdemos en medio de mecanismos de los más extraños
sentidos, improbables de calificar.
Las religión nos induce a pensar y así lo preconiza, que solo el tiempo mitiga tales dolores, tras diez o mas años. ¿Quien sabe si puede esperarlos?, solo sabemos lo que nos aconteció hasta ahora, de aquí en más, todo es nebuloso, lo ignoramos.
La psicología entretanto, nos habla de “fatalidad”, del destino que cada uno lleva inserto en la palma de la mano, otra entelequia en la que no se elige por edad, color, sexo, simplemente el “carnero del sacrificio” llega a su fin por enfermedad terminal, accidente o suicidio.
Me caben las generales de la ley, como a toda la condición humana, y me revelo a aceptarlas sin entenderlas. Somos como meras avecillas donde un golpe nos hace trizas o la turbina de un avión las absorbe.
Ardo en deseos poder tomar el sistema planetario, integro, en su grandiosidad y funcionamiento, como cuando en la Escuela Primaria me mostraban otra maravilla: El Cuerpo Humano.
Siempre apunte sobre mi perplejidad ante lo increíble de la vida y la naturaleza, incrementada cuando hace meses me enteré que había sido disparada una zonda a
Marte, que demorara 10 años en llegar, a una velocidad de 50.000 kms horarios. ¿De que dimensiones estamos hablando?.
¡Que insignificantes y pequeños –pletóricos de petulancias- somos en verdad en este o en cualquier otro esquema.
Me devano las entendederas por captar ¿que hay tras esta intriga de vivir en paz? Y sin lograrlo. Hay una de cal, y hay otra de arena, épocas dulces y otras amargas, muy amargas que solo gladiadores pueden soportar.
Entretanto el vehículo, de este “dossier” aquel padre, a la sazón –médico psiquiatra- que perdió a su hijo que hoy tendría 34 años lo sigue llorando a, lágrima suelta, sin consuelo,
como todos los padres.
Nacer, crecer multiplicarse y morir este es el camino sin entender el misterio de nacer, no arribaremos jamás a conformarnos con estas hondas sospechas que despiertan en nuestro interior, la aventura y el instinto genérico que nos impulsa a vivir. ¡Que todo sea para bien!.
JFA 25-05-2008.-
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario