VISITA DE INCOGNITO DE ISIDORE LUCIEN DUCASSE (1846-1870)
O COMO HACER DE UNA VIDA TRAGICA UNA INCREIBLE AVENTURA
CAOTICA Y RIOPLATENSE.-
Para familiarizarnos lo llamaremos por su segundo nombre- Lucien- siempre me pareció más atractivo, casi alucinante, como su vida. Hijo de Francois Ducasse –secretario del consulado general de Francia en Uruguay, y de Celestine-Jaquette Davezac, tragicamente fallecida cuando Lucien tenia 8 meses, deja a ese niño desangelado, a la deriva de las corrientes de la existencia.
La de él tortuosa a todas luces, su carácter hosco, reservado, poco dado a darse a entender.
Muy travieso a la corta edad de 10 años participando en correrías, reñideros de gallos, cazando en los alrededores, trabando relaciones con gauchos, en escapadas indignas que disgustan a su padre, que se prestaba a si mismo mas atención que a la de su vástago y futuro..
Supuestamente perdonado por sus buenas notas escolares, hecho este por demás dudoso;
habida cuenta del equilibrio de sus capacidades intelectuales, pero sobresale en su obra cumbre los cantos de Maldoror (en francés: “Mal d’Aurore”) esa hora de las musas mas extrañas donde ve y ensalza el asesinato, el sadomasoquismo, la violencia, la blasfemia, la obscenidad, la putrefacción y la deshumanización en pos de que a través de toda esa maldad, surja como el “Ave Fénix” de entre las cenizas del barro humano la bondad como un triunfo de entre tanta espeluznante depravación.-
Los surrealistas lo rescataron del olvido, esta es nuestra primera parte, falta la siguiente y complementaria, esa que nadie conoce del espíritu aventuro de este Conde de Lautrémont, nombre con el que se lo conoció en su corta vida
En su único año sabático, antes de volver a la tierra de sus ancestros: Francia; subrepticiamente recalo en la otra orilla del Río de La Plata – La Santa Maria de los Buenos Aires- tan próxima a Montevideo.
Pisado, que hubo, tierra porteña, en sus barrios cercanos surgían sones de candombes- que él conocía familiarmente en la tierra Charrúa, a continuación en los bodegones y piringundines del puerto, y sus olores acres, emanaban efluvios del tango orillero y com- padron,
Fue visitándolos y bebiendo copiosamente, su vida dual daba para entrelazarse con mujeres del bajo fondo y malevos de toda talla. ¡No me pregunten porque?. Se muchas cosas de él y de esta vida, pero no como llegó a la plaza “Benito Nazar” por la zona donde hoy se hallan las calles Antezana y el inolvidable Mahatma Ghandi, apareció recostado sobre un banco y le amaneció hacia el mediodía, rodeado de curiosos que en pleno siglo XXI hallaban a un
extraño ser humano, como salido de un circo, o de un raro teatro con ropaje de 200 años antes.
La pregunta de Lucién fue la tradicional:
¿donde estoy,
¿Como llegué aquí?
¿quién soy?
Las gentes, todavía son buenas, si si........ ¿que no me creen?....
-Lucien insistió: Por favor, como voy a la Calle Warnes. Como venia de La Banda Oriental pensó que era un barrio. “paquete”, él descendía de franceses y pensó que Warnes tenia toque Anglo-Sajón, craso error, era un barrio comercialmente pujante pero lleno de negocios de chatarra y repuestos para automóviles.
Decepcionado por el fiasco, Lucién, preguntó a un agente policial –de la sección montada-
Como iba a Scalabrini Ortiz y Corrientes, que le habían indicado una pulperia: La Quintana, para tomar unos tragos, En esto el caballo se espanto, dejó al jinete desairado, en el suelo, y huyo despavorido. A Lucien casi le agarra un soponcio, no sabía si estaba en tierra o en el barco, lo levantaron, y acercaron a donde quería ir. Se sentó vino el mozo:
-“que se sirve el señor” ( lo decía casi con cara de asco).
-Verá usted, ....este....si me hace el bien: un choripan y una cerveza bien tirada.
(a esas horas tenia apetito).-
-Bien señor, inmediatamente.- Y se retiro.
Desde otras mesas ocupadas lo miraban con extrañeza, y le pregunto a un aledaño:
-¿Digame, sabe como puedo ir a ver el obelisco?
-Vea, mire, se va una cuadra para Chacarita y allí esta en Malabia y Correntes el Subte B, lo tomo en sentido Correo Central y se baja en la estación Carlos Pellegrini. Aproveche que hoy caminan normalmente, No como la semana pasada que se pelearon los gremios, que andan a las patadas, y pararon todas las líneas. A B C D E F G H
_ (Hum – que brutos son- no saben ni el abecedario completo). Muchas gracias dijo Lucien.. Pero....¿y para volver, como hago?.-
-Muy sencillo le respondió el parroquiano, toma el mismo subte, en sentido contrario y se baja en la misma estación que subió. Y ya esta ya llegó.
-¡No puede ser!, dijo Lucien-
-¿Como que no puede ser le espeto el parroquiano?
-Claro, si me bajo en la misma estación que subí me quedo allí mismo. ¿No?.-
-Bueno bueno, mi amigo ud ya es de los nuestros......tan torpe como todos.
En fin pasemos la hoja. Volvió a la esquina de Corrientes y Malabia y de allí se fue hasta la otra esquina, Camargo y Malabia, donde había un halo poético inolvidable, el narrador –omnisciente- recordó que en épocas pretéritas, habiendo estado distanciado de su primer amor por espacio de un mes, en un baile en una casa de esa esquina se reconciliaron. ¡Para siempre!.-
Todo se aquietaba. Lucien estaba obnubilado por los aires de Villa Crespo, ese barrio, ya centenario que respiraba vida y sentimientos.. El, se esfumó de pronto, como un gnomo detrás de los espejos, y recaló en su antigua y escueta vida. Y volvió a la banda Oriental. Pero esa, esa es otra historia.-
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*Profesor: Ezequiel
JFA 12-05-2008.-
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