martes, 10 de febrero de 2009

RECUERDO

RECUERDO: PERDIDO/ENCONTRADO

Cada uno de nosotros, tiene, en su trayecto un estrecho compañero de tal sendero; en mi caso ciertamente fue mi hermano menor Marcos Ubaldo a quien le llevaba 2 años y ocho meses, hasta hace 7 años cuando una larga, sufrida y maldita enfermedad recuerdo inevitable lo arrancó físicamente de entre nosotros.

Se trata de una conmemoración, de esas que mejor no, que naturalmente no se eligen, una de esas leyes sin códigos con que nos sacude, de tanto en tanto, la naturaleza cuyos reglamentos son insondables.

Es preferible, a todas luces, mantenerlo, como a todos los seres queridos, en la memoria, tal vez en un “STAND BYE”, como cuando su cuerpo alentaba vida.

En medio de tales remembranzas prefiero rescatar de sus “hazañas”, un par de esquicios, que lo pintan entero, de purrete tan desprejuiciado como dueño de una singular repentización para resolver escollos.

En uno de ellos, cuando por entonces habíamos venido a vivir a la gran urbe, allá por 1937, arrendando un departamento, en 1° Piso “A”que estrenamos de Vera 288. La propiedad era de la Flia. Margulis que tenia, abajo, una fábrica de molinos de viento, esos que ayudan, en las zonas rurales, a obtener agua.

Corría el mes de junio, día 29 celebración en el calendario católico del Día del Papa: San Pedro y San Pablo, es el día que el imaginario colectivo tiene agendado como el día “de la fogarata”.

Estábamos en pleno invierno, y en el culto Mosaico los funerales, por un ser querido desaparecido, pueden hacerse en el templo o bien en el hogar.

Mi padre, en oportunidad de la rememoración anual de mi abuelo lo celebraba en casa, donde se hacia la oración pertinente y se invitaba a los familiares mas allegados a todos sus efectos.

Ahora vamos a lo que pasó: el rito religioso coincidía, en horario, con el encendido de las tradicionales fogatas, en cada esquina barrial, tras el acopio durante meses de cajos de frutas vacíos y otras maderas que alimentarían el fuego.

Bien, los chicos juegan toda la tarde, en la calle, no había -claro- los peligros de esta modernidad globalizada, él tomo su merienda y se hallaba cansado por lo que vestido como estaba se recostó en su camita, nosotros dormíamos en la misma habitación, una camita junto a la otra.

Como recordé era invierno, a medida que llegaba la gente a casa, cada uno iba dejando sus abrigos –sobretodos, tapados- sobre las camitas. Claro se hizo un a pila.

Termina la liturgia, es de costumbre servir una mesa para honrar la memoria del occiso y realizar las bendiciones de los alimentos, finalizado todo lo cual, y antes que se comiencen a despedir los familiares, mi Padre advierte que Marcos Ubaldo no esta formando parte del concurso.

Allí comenzaba en drama:
¿donde esta el nene?

La mirada escrutadora y el reproche era para el mayor – o sea el que suscribe; no pronunciaba palabra pero quería decir:”vos sos el mayor: ¿como no lo cuidaste?. Lógicamente estaba desesperado.

Enseguida dejamos a la gente, en casa, y salimos mi Padre y yo a investigar en cuanta fogata había en nuestro perímetro, yo interpelaba a cada chico conocido si había visto al travieso Marcos Ubaldo... y nada.

Volvíamos deshechos, sin saber que hacer... al llegar a casa: ¡Oh milagro! Cuando la gente se comenzó a despedir para retirarse, al ir requiriendo los abrigos...¡si, si! ¿ya adivinaron?, claro que si...apareció Marcos Ubaldo que estaba oculto debajo de tanta ropa y dormidito, sin imaginar cuanta inquietud había generado inopinadamente.

En otro episodio, justamente en la conmemoración de las festividades tradicionales de Carnaval, ya nos habíamos mudado a la calle Luis Maria Drago 150 –propiedad de Don Santiago Fabro-, eran esos tiempos en que todos sabían quien es quien, no este anonimato anodino, donde ninguno conoce ni a su vecino.

Papa viajaba periódicamente a C. de Patagones donde había dejado el negocio, al venirnos a vivir a Buenos Aires, pero ya estaba en vías de levantarlo ya que “El ojo del amo engorda el ganado”, y antes de perderlo dispuso su liquidación por lo que una noche, en su ausencia, fuimos al corso de Corrientes desde Canning a J-B. Justo, una locura de gente, todos sabemos que Villa Crespo además de su singularidad barrial es un hervidero humano.

Nos encontrábamos a la altura de la Seccional 27 –antes situada sobre Av. Corrientes, ahora esta sobre Camargo- y Mama se ubicó casualmente con amistades, ella un ser tan social, e hija de una familia muy numerosa y conocida como los Abulafia, sumado a los primos hermanos y otros parientes de mi Padre eran toda una romería.

Mama tenia de la mano a Sarita mi hermana menor con 2/3 añitos, y Marcos Ubaldo y Yo al lado de Mamá. Cuando ella se trabo en una charla en la que recíprocamente con sus interlocutoras circunstanciales querían contarse todo lo que no habían tenido tiempo de transferirse en dos años que no se veían, allí se pudrió todo.

De pronto Marcos Ubaldo desapreció, Mama se estaba poniendo como loca, a Sarita la asía fuertemente de la manito, yo a su lado y el pícaro del medio vaya uno a saber...

Subimos la escalerita de Mármol blanco a la Comisaria, ya que era el escenario exterior de la charla de mi Madre, expusimos que el chico se hallaba extraviado. Era naturalmente Argentina año verde, tomaron nota y nos tranquilizaron, nos indicaron el irnos a casa, como lo mas conveniente, y que ellos cualquier novedad que tuvieran iban venir a informarnos.

Mi Madre se daba las manos en la cabeza, ¿que vamos a hacer? Se repetía una y otra vez, mientras nos aproximábamos a nuestra casa. ¡Cual no seria nuestra grata sorpresa!, al llegar Marcos Ubaldo, solito se había regresado para casa, al verse perdido, pero con su poder de orientación, retorno y nos aguardaba sentadito en el umbral.¡Que noche!

Son lindas reminiscencias como estas que lo corporizan, es como volverlos a sentir que viven entre nosotros mientras los evoquemos.- No queda otra.-


JFA 24-09-2008.-

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