Pasión en Atenas
Acerca de:
PLINIO EL JOVEN
Epístolas
Por las noches la casa maldita,
tenebrosa y amplia, temor amerita
El espectro de un viejo harapiento,
engrillado y sucio de anatemas cubierto.
Con cadenas que en sus manos son tormento,
y el contorno lacerando la señal abierta
de un mal sin remedio: su cuerpo muerto.
Fue cuando el filósofo Atenodoro,
contrariando todo mito, echó
mano a su alforja, y con oro,
arrendó la casa de las apariciones.
Y al punto quedó atento a sus emociones.
Se repitieron los clamores
del alma en penitencia
Y como era filósofo don Atenodoro
tomó sabio camino: cavo la tierra
escogió las hierbas que hurgara.
e impregnaban aquella alma en pena,
otorgándole el descanso en su sepultura.
Entonces, y solo entonces se aventaron,
para siempre, los destellos de su
desangelado calvario en soledad, súbitamente
concluído y “la suya paz” lo invadió todo
JFA 19-09-08
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