jueves, 19 de febrero de 2009

FORTUITA INCURSIÓN

FORTUITA INCURSIÓN

En la mañana de ayer –domingo- después de leer rápidamente, los diarios, me encamine a munirme de apetitosas masas para el café, que seguramente nos ofrecerían, complementando el suculento asado conque, mi exitoso sobrino Daniel, nos agasajaría en la intimidad de su despampanante y moderna casa de uno de los barrios cerrados del Complejo Delta-Norte.

Mientras caminaba a la confitería Ceres, venían de frente, una pareja de “varones” aparentemente drogados, uno muy joven (17), y otro mayor, más fuerte ( 35/40), que lo traía asido, casi arrastrándolo con imperativa violencia, imagine una escena acre, mientras el menor musitaba, con voz afectada:”basta ya ¿eh? ¡DEJAME!”! ; en tanto, sus apariencias, se me hacían contrariantes.

No es que no elucubre, comprendiéndolo, que desde que el mundo es mundo, nuestra condición humana nos enmarca y que desde la pretérita época de Los Romanos, en los azulejos de sus baños, había alegorías que hacían semblanza de la homosexualidad, de la que también queda testimonio en la Grecia de Platón.

Al volver de la compra, en la esquina de Córdoba y Medrano –hay una estación de servicio tapiada- y en el piso distingo una hoja, de color rosa, estaba limpia, entera, la levanto y la observo, era una página de un diario intimo, cuya emisora respondía al nombre de Laura.

Me inquieto, la leí, y como en un tango –que es una historia de vida contada en 3’- me hice cargo, ipsofacto, de la problemática que me introducía en el seno de una familia tipo: matrimonio de raigambre normal, ética, acotada en las formalidades de un tiempo austero, donde no se hallaba la suficiente contemplación para actitudes, que calificaremos como: “diferentes”. ¡Ah y dos hijos una mujer: ANA, y un “varón”, a la sazón es el que dirige la carta-meollo del tema a su hermana más o menos en estos términos, que no obstante haberla desechado, aún martillan en mi mente:

“Querida Ana:

hace frío afuera, tus cartas dicen cosas lindas, me contienen.

Recuerdo la infancia, la casa del abuelo, la siesta bajo la parra.

Aquel domingo, el asco me acosa, Mama........Papa......tres con uno, el mundo. Yo jugaba en tu habitación, vestido con tus ropas femeninas, que ya me en marcaban con un disfraz que se iba pegando a la piel, haciéndose propio. Papa no quiso ni pudo comprender, mi gesto fue el estilete que impacto su corazón. Después la lucha, de él que moría, en el hospital, y no perdonaba.

Mantengo en mi alma una honda tristeza, te quiero, te extraño, volveré a Buenos Aires
Tu hermano.

PD/ no le digas nada a Mama, que sea una sorpresa”.

Creo que ha quedado explicito, correctamente este hecho que hace a la homosexualidad deliberada o encubierta, que en la modernidad, donde no hay nada que no evolucione, la tenemos hoy proclamada sin ambages, antes era algo que se trataba de cubrir con un manto de algún pudor; contrariamente ahora la proclaman como un titulo, que pareciera enorgullecer al sector, reunidos en asociaciones donde ya no quedan zonas reservadas, como en cualquier disciplina todo esta entremezclado, que asemeja: “la Biblia junto al calefón”.

Lo que quisiera agregar, si se me permite, es que la homosexualidad, en todo caso, trata como todo ser humano de hallar ese atisbo de felicidad, equivocada o no –porque no lo atino a evaluar cabalmente, son en fin, vericuetos tortuosos de nuestra intimidad-en pos del postrer intento.


JFA

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