jueves, 12 de febrero de 2009

AQUELLO QUE PERSEGUIMOS ( I I )

IV
SEUDONIMOS CONFIDENCIALES
(O LAS EPÍFANIAS DE LOS ROMANCES OCASIONALES)

TODA LA CIENCIA VIENE DEL DOLOR. EL
DOLOR SIEMPRE BUSCA LAS CAUSAS DE
LAS COSAS, MIENTRAS QUE EL BIENES-
TAR SE INCLINA A ESTAR QUIETO Y A NO
VOLVER LA MIRADA ATRÁS
STEFAN ZWEIG

Siempre Armando, recurrente recalaba en su romance con Matilde, iniciado en un encuentro de “solos y solas”-aunque ellos no lo eran- él concluía en que “el corazón de un hombre solitario es un cazador furtivo”, ya sea porque este solo o porque se sienta solo en compañía.

Matilde viajaba, esporádicamente, esta vez a Viña del mar, él le acerco una misiva íntima y tiernamente erótica, desde el recóndito rincón del alma:


“Si el mar te moja, si el sol te acaricia o la brisa te envuelve,
soy yo, que me entremezclo, para estar en toda tu intimidad.

Es que aunque pudiera vivir sin agua, sin sol y sin aire,
aún así, estaría en tinieblas, porque eres la luz de mi alegría.


COMO UN HAMBRIENTO DE
SED DE TERNURA, SUEÑO CON
ANSIAS PENETRAR TU PIEL,
PARA MI, DESNUDATE POR CARIDAD.

MI CIELO LO ENMARCAN
TUS CADERAS, DÁMELAS, SOMOS
FINITOS, LOS PLAZOS SE
ACORTAN, NO ME PLACE ESPERAR.

NO SEA QUE SE ESCAPE ESE
INSTANTE DE AMOR ESPERADO,
QUE SI SE NOS ESFUMA
NI EL CIELO NOS PERDONARÁ.

SACUDAMOS EL POLVO DE LA RUTINA,
NO AGUARDES LAS DOCE CAMPANADAS,
PIENSA QUE EL TIEMPO PEOR YA PASÓ,
OLVIDATE QUE ERAMOS LONJEVOS ENTONCES.


TUS MOCEDADES RECALAN EN EL CORAZÓN,
ACERCATE A DANZAR EN ESTA
NUEVA AURORA ¡PERO YA!
QUIZÁS SOMOS MÁS JÓVENES AHORA.

SALGAMOS AL RUEDO DE LA VIDA,
¿OYES?.ESTA SONANDO EL JAZZ DE SIEMPRE,
Y TRAS EL, ESTE TANGO CANYENGUE, VEN
DANZEMOS EN EL CARROUSSELL DEL ALMA.

LE PIDO A CUPIDO QUE CLAUSURE
LAS PUERTAS DEL MIEDO Y DE LA DUDA,
Y QUE ESE DULCE BESO, TAN ANHELADO,
SELLE EN LOS LABIOS EL TRIUNFO DE LOS DOS.

EL PASADO ES ESO, AHORA UNA NUEVA
CANCIÓN ALUMBRA EL DESPERTAR DEL ALBA,
Y CON UNA FLOR DE ROJO COLOR, VUELCO
MIS FANTASÍAS COMO UN ADOLESCENTE

MI CORAZÓN FLAMEA AL SOL,
TENDIDO A LA AVENTURA,
IMPETRANDO A LOS GNOMOS Y LAS HADAS
EL TIEMPO ARROBADOR DE LAS TERNURAS.-

Armando.

La receptora, Matilde, a quien todo le acontece, es una señora frisando los 60 largos-bien llevados- de una dulzura conmovedora, que desgranaba su dolor - ese que como lo expresamos, quien lo escucha- no puede substraerse.

Su matrimonio fue producto de una boda pactada, habida cuenta de costumbres pre- existentes, donde contrajo nupcias con un hombre 20 años mayor, que al ensancharse la brecha generacional, desestabiliza a la pareja.

En las postrimerías se había vuelto imperativo, ella era requerida sólo como objeto sexual nocturno. Los hijos –ya mayores- eran todos profesionales; 2 varones y una mujer.

Matilde, dijo haber tomado el toro por las astas, y le clausuro el dormitorio, destinándole otro. La senilidad de él –cartón lleno- los llevó a consultar al galeno, para pensar en una internación, hecho que concertaron, por la seguridad de todos, ya que su afección lo llevaba a ausentarse del domicilio conyugal sin destino cierto.

Armando recibía las confidencias que le elevaba Matilde, a manera de desahogo, y la inducía, sutilmente, a rehacer su vida, SUBLIMINALMENTE LE QUERIA DECIR:”VOLA MATILDE, APRENDE ANTES QUE TUS PALABRAS –RACIMOS DE UVA- SE HAGAN PASAS SECAS”, mientras quedaba atento y vigilante, cosa de exacerbar aquellas expectativas adormecidas, pero latentes, en esa mujer plena de inhibiciones, y paradojalmente pidiendo a gritos querer vivir.

En el grupo de solos y solas, que ambos tomaban como un centro de auto-ayuda, ella se había impactado con Armando, pero él, al principio se mostraba equidistante, algún gnomo agrego lo suyo cuando Matilde le deslizó:”vas a ver como entre nosotros no va a pasar nada”. (¿?).

¿Estaba jugando o que estaba buscando?. Para Armando era ella la hermosa portada, como esa que todos quisieran conocer el libro.

Aunque ella agregaba con inocencia supina: que estos desvíos, eran un “divertimento”, para el momento de su vida que, así lo ameritaba, y desdibujar su triste actualidad.

Armando pasaba por un instante de seductor envanecido, cuando ella llegó como para tirarle de la lengua –conocedora de que él gustaba de ella- con aquello de “no va a pasar nada”, convengamos en que las mujeres son muy pícaras, dándonos pábulo para que creamos fantasías que nos hacen quedar, como ingenuos con la estatura del un pequeñísimo enanito bebe.

Todos sabían que ella tenía dificultades de pareja la muy modosita, señora casada, y que las publicaba a diestra y siniestra, a quien quisiera escucharlas o no, y aún así no se consideraba vehículo –que por lo menos lo era inopinadamente- del arrebato ocasional que pudiera producir.

Finalmente una tarde, le espetó, que le agradaba mucho, de verdad, que no quería perderlo (si una vela se apaga hay que procurar otra que quede encendida), pero adujo que “no estaba preparada para hacer vida de pareja”, aunque ignorara, como esposa y mujer, la existencia de su matrimonio; y sostenía –o por lo menos lo daba a entender- una atonía aséptica hacia el sexo que buscaba, ese que Armando le proponía y que ella rechazaba –ya estábamos entrando el la orbita de lo mas absolutamente incomprensible-.

Armando estaba casado, colmado de atenciones, y no iba a rifar su actualidad, por lo que cuando se enteró, que en el grupo de solos y solas, se deslizó el análisis de Matilde, él automáticamente se escindió del grupo.

La gota que colmo el vaso parece ser la aseveración de otra asidua asistente que le reprocho a Matilde: “lo que pasa es que vos calentas la pava, pero después no das el mate”. Uno puede querer ser discreto, ¿como lograr que lo sea el concurso?.O sea:”quedate tranquilo yo no voy a decir nada, pero si los dicen mis amigas....”.

Transcurrió algún lapso, “del fuego cenizas quedan” como para accionar contactos telefónicos, que se reanudaron, con la intención de finiquitar aquella sinfonía inconclusa.

Débil es la carne, y Armando sucumbió ante Matilde, en aquel, su primer encuentro, en el que ella y su desnudez, lenta y recíproca exaltaban las potencialidades de una Ishtar –la diosa del amor- trocada en la Venus o Afrodita –restauradas- engendradas por el semen divino de dios y no era mármol lo que visualizaba, eran carnes rosadas que mantenían una incitante frescura, y postura de Reina griega, adornada con pelo azabache y esos ojos orientales de mirada profunda y penetrante, el busto aterciopelado y turgente que inflamándolo, lo arrasaban por entero.

Armando ardía en el cenit, creía, sin atinar al ¿porque?, que le había sido otorgado un premio celestial, y cuanto menos era un elegido de Cupido, cuyo flechazo milagroso lo obnubilaba, y se dijo: “Alea Jacta Est” – la suerte esta echada- porque ni imaginaba el vendaval que se desencadenaría.

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