AQUELLO QUE PERSEGUIMOS.........................
I
“El individuo ha luchado
siempre por no ser absorbido
por la tribu. Si lo intentas, a
menudo estarás solo, y a veces
asustado. Pero ningún precio es
demasiado alto por el privilegio
de ser uno mismo”.
Friedrich Nietzsche.
Siempre he transitado mi periplo existencial desbrozando las incógnitas que me han interpuesto las más variadas temáticas de la esencia humano, y no por mera curiosidad sino con espíritu docente, afirmándome en que para enseñar, primero hay que aprender.
También es cierto que he tenido muchos, muchísimos, conocidos pero.....amigos, lo que se denominan amigos íntimos muy, muy pocos
Uno de esos pocos amigos, el Dr. Patricio Richardson (R.I.P), este último 7 de marzo se cumplió el 7° aniversario de su desaparición física, pues la otra la espiritual permanece impertérrita, y de lunes a viernes, cada mañana, al pasar por su casa, antes de llegar a la oficina le dejo mi saludo evocativo testimonio de nuestra acrisolada y mutua transferencia de amigo a amigo.
Esta vez-era 1981- el relato comenzó café de por medio, en la vieja confitería “Las Violetas” de Rivadavia y Medrano –antes de su moderna restauración actual- ya que el vivía en Av. La Plata y Rivadavia y yo a una cuadra, hacia el centro en Yatay y Rivadavia.
La protagonista principal – Matilde- señora paciente de mi amigo médico – a la sazón practicante, además, de medicina naturista, era también “iríologo”, ella entretanto buscaba confidenciarse e introducirlo en su momento psicológico.
Al principio tenía reservas que paulatinamente abandonará por su fidelidad al Juramento Hipocrático y una sensibilidad que se le escapaba por los poros, de toda su humanidad, en presencia de transferencias orladas de dolor
Escuchándolo ya me comenzaba a poner inquieto porque advertía, como en un film, escenas que se me ocurrían caprichosamente, porque si. Ya que en definitiva el me delineaba una situación pero era remiso a darme las claves para entenderlo.
Por fin le dije que era inútil que siguiera elucubrando frente a mí sobre una problemática oscura, y que si no echaba luz a los acontecimientos más vale que habláramos de los temas más triviales que tocábamos de suyo como espectáculos, deportes o política.
Mi actitud inusual, estaba signada porque tengo una característica de buceador impenitente en torno de las conductas que hacen a “la condición humana” que nos enmarca , y de la que no podemos escindirnos, pero todo con carácter, de investigador analista ,como especifique en el inicio, de actitudes que me lleven a entender y entenderme como y porque reaccionamos, deliberadamente con improntas determinantes de ciertos parámetros..
“Bueno hombre, me dijo, no te pongas así, voy a vencer mis naturales resistencias y te volcare los sucesos”. Entonces, solo entonces me espetó así de que se trataba:
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¡Pero cual era el drama que ella arrastraba?, porque ya suponía que no eran solo males físicos, sino los sospechosamente espirituales y de los sentimientos con raíces más ondas, en tanto pasan los años.
Pensaba, para mis adentros, en el cúmulo de cambios y trastornos que sufre la persona en su parábola existencial, que no son poca cosa, y las constantes transferencias de Matilde –más que nada por su insistencia pertinaz- llevaron al galeno a sugerirle, en una suerte de componenda de una moral de la estirpe más hipócrita, en lo que sabe enfrascarse el alma humana, para rehacer su vida.
La salida pretendida era dual, por un lado trataba de aliviarla a ella de sus cuitas y simultáneamente zafar él, descargarse de esa “mochila de plomo” que significaban las quejas de una mujer, que desde hacia años, no disfrutaba del placer sexual en el matrimonio, y al parecer en ámbito alguno.
Ahora bien, aclaremos que quiere decir “rehacer su vida” para Patricio era que ella, en el medio de su alternancia, si conocía a exponentes masculinos que trabara con ellos, las relaciones incipientes que luego dieran lugar, evaluadas las afinidades a una salida que tranquilizara las expectativas adormecidas pero torturantes de una mujer, con inhibiciones, llena de vida.
Ella agravaba la temática porque en cada oportunidad oponía las reservas, que la envolvían, para recostarse en la toma se semejante decisión.
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Era su forma de ser y la educación recibida, preñada de tabúes y severidades de una época, ahora superada, donde Matilde se sentía como atrapada en una maraña que no atinaba a superar
Patricio hacia agua, ya no hallaba que suerte de insinuación trasladarle tanto como para
finalizar el contratiempo que significaba para él, profesional conciente, de su especialidad – alopática y medicinas alternativas- incursionar en los vados nebulosos de la psicología que de todas maneras dominaba.
En forma simultánea ella concurría a reuniones de autoayuda y/o terapia de grupo o solas y solos, donde sus componentes se integran y luego se prestan luces para encontrar discernimientos y rumbos nuevos que superen la “impasse” en la que cada cual se hallen bloqueados. Así fue que refirió, como conoció a ARMANDO, quien le agradó.
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