jueves, 12 de febrero de 2009

ANTES DE QUE ACABE EL DIA ( II )

Habían retornado las luces, en la mañana, él se encontraba, vestido, abrazado al libro, al despertar, se vuelca hacia el centro de la cama y tropieza –de pronto- con otro cuerpo, se asombra (¿?), voltea más y vuelve a chocar, el otro cuerpo reacciona y se incorpora, es Elsa, si es ella, y claro él no atina a explicarse ¿ha sido un sueño?...un mal sueño...más le vale que así sea. Le cuesta aceptarlo. La vuelve a mirar a Elsa: ¡esta perfecta!, ella entiende parcialmente, algo le pasa a Ernesto, que no puede escapar a sus incertidumbres, y naturalmente las disimula.

El ciclo amenaza a reiterarse, como si ayer fuera hoy: habrá concierto, el va a volar mañana , las dudas de todo que se agolpan: ¿que pasó ayer?. ¿como será hoy?. ¿será igual que la víspera?.

Esto me parece que ya lo viví, se repetía, en tanto la angustia engendraba esa desesperación que lo invadía. Y que debía disimular, y no obnubilarse para discernir, debo dejar correr las manecillas del reloj, se decía, para ver que dictamina, momento en que se despiden para encontrarse en el concierto.

Entonces cavila Ernesto y seriamente entra en dudas acerca de si debe viajar mañana...toma un taxi para concurrir a sus actividades: ¿casualidad, código, causalidad, destino o fatalidad?.......tales son las incógnitas de la experiencia –en esta aventura llamada vida- que nunca sabemos que nos va a deparar, por eso se hace tan urticante y atractiva como esas burbujas del champagne bien “frappe”.

Todos intuimos, como para que no se nos escape, que el taxi, era el mismo, por tercera vez.....Ernesto luce un rostro adusto –no es para menos- el taxista devenido en una suerte de “terapista vehicular” lo vuelve a la realidad, ejerciendo la batuta del imaginario colectivo señalándole lo valioso de vivir, e insiste: “si la quiere....¡pues, viva ya! porque no queda mucho tiempo”. ¿Premonición quizá?.

Ernesto está enloqueciendo, corre a la casa, en búsqueda de la partitura de Elsa, sale disparado a ordenar 75 fotocopias, se lanza al teatro, previamente compra un impresionante ramo de rosas rojas de tallo largo, que entrega para ser derivado a su amada, ahora con pasión desenfrenada encara al Director de la Orquesta y combina que,
oportunamente, la llame a interpretar su obra y distribuya las partituras, poniendo todo su fervor en la coordinación.

Y así sucede, cuando ella advierte que es incontenible eludir el evento –que deja de serlo- le musita a Ernesto (entre bambalinas):”No sabes en que compromiso me has puesto”.

Comienza a escucharse la introducción –a través del piano- 1, 2.....7 veces, y ella permanece panicada, el pianista insiste, casi en medio de un silencio sepulcral que presume un desenlace penoso, pero no, ella esboza tímidos vocablos pronunciados con hondo sentimiento, de pronto un coro monumental, se eleva, y hace de soporte, Elsa cobra confianza, con la complicidad de una letra dulce, como la música, concluyendo con su significado a atraparlo todo, que concluye, en generalizado alarido de aprobación

Elsa, conmocionada, llora, corre y se abraza con Ernesto-que sigue entre bambalinas- y lo sellan en un beso arrobador e interminable. Todo es felicidad....¿pero será lo que parece?.

Dejan el teatro exultantes, después de los sinceros beneplácitos de tanta gente que la quiere, Ernesto en su proceder anuncia cambios, él que nunca había querido conocer a la familia de ella, le ofrece la sorpresa de viajar al lugar de su nacimiento, toman un Buss para dirigirse allá y cuando están por llegar a la casa en una cima, en medio de una zona agreste, con muy pocas edificaciones, se desata una espectacular lluvia, encuentran la casa, con su viejo mobiliario, el enciende la estufa de leños, todo toma calidez y ellos se aman con delirio. Los corazones se funcionan proclives y por fin tienen la intensa proximidad que los identifica.

Resulta oportuno expresar, que a estas alturas. El reloj había dejado de ser una tortura, para Ernesto y aquella fatídica hora 23 de la noche de la tragedia, solo se trocaba en un sueño equivocado.

Al llegar de regreso, del campo, toman un taxi que los lleve a su casa y ¿quien será el bueno del conductor?....exactamente el chofer comprensivo de cada momento –y por cuarta vez- ¿como no dicen que la tercera es la vencida? – en fin.....al subir los apura para que suban “porque queda poco tiempo”.

Ernesto no se puede reprimir y dirige su mirada al reloj.......son las 23.......el vehículo comienza el camino, tras recorrer cien metros, con otra mueca de ese destino indescifrable, se oye el estrépito de un choque........esta vez el occiso resultará Ernesto.

Elsa queda herida, internada –fuera de peligro- adolorida y sin ganas de vivir, no podía ni hablar, acongojada y bañada en la corriente acuosa de sus ojos, cuando recobro un poco la paz, recordó una situación, como de embelesado remanso, cuando él le había dicho, refiriéndose a la canción: “fue un verdadero regalo, igual que tú –y concluía- te amé desde que te vi la primera vez, desde allí me enseñaste lo que es amar, y afirmo que a veces me aterra admitir, nuestras flaquezas de ayer, hasta comprender que son nuestra fortaleza de hoy, y siempre te amare”...........................

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