jueves, 12 de febrero de 2009

SOY YO, SOMOS NOSOTROS ( I )

Agosto 21 martes

Este será un diario de “Soy yo, somos nosotros”, pero decidimos aceptar el desafío, hay que grabar un video con una duración, de un minuto, bajo la consigna de abuso sexual y/o violación física en la familia. Nadina, Romina, Rodrigo y yo debatimos sobre el lenguaje, ¿tenemos que ser crudos?. ¿Utilizar un decir simbólico?. El contexto en el que se va a exhibir –el Congreso sobre la Familia y Conflicto – nos sugiere manejarnos con un relato, cuidadoso pero no exento del necesario impacto. Después de todo nuestro objetivo es ganar.

Agosto 22 miércoles

Contamos con pocos recursos por lo que la imagen se resolverá en una sola toma, a modo de paneo, que comienza con una clara amenaza de violencia sexual, se deslizará, en silencio por una pared recta hasta culminar, mostrando, una escena con una madre levantando a su risueño bebé.

El departamento de Romina es ideal. Vam os a partir desde el marco de la puerta de la cocina y seguiremos por la pared que desemboca en el balcón. Nadina dijo que ella va a hacer la escena maternal tras la puerta corrediza y que su beba hará de extra. (¿En que consistirá la la amenaza, y como se plasmará visualmente?.Hasta ahora solo silencio. Creo que nadie se anima a salir de un bloqueo que morigera la conciencia). ¿Donde está nuestro profesionalismo?-

Agosto 23 jueves

Propuse que nada más se viera un brazo, con la camisa arremangada, cuya mano presione el pecho del personaje que va a ser asumido por Romina. La cámara se ubicará atrás nuestro y estará a cargo de Rodrigo. En suma la la idea es mostrar como pueden darse el abuso y/o violación con la inocencia b ajo un mismo techo, si el medio es un vacío de conciencia. Estuvieron de acuerdo. El sábado va a ser el día: prueba, ensayo general y grabación-

Agosto 24 viernes

Hoy estuve en lo de Romina para ver si todo estaba en orden, y enseguida me pareció percibir que una cierta tristeza nublaba su rostro. Me culpé por lo estúpido que era. (¿A quien se le ocurre abordar este tema?).

Trajo café, y nos sentamos, y cuando n o había llevado la taza a mis labios me dijo: “Yo fuí abusada por mi Papá”..

Qué helado, solo atine a pedirle perdón (Romi: ¿porque no me pediste que hiciéramos otra cosa?). Se levantó y se fue a su habitación. Enseguida trajo un libro y abriéndolo me señalo una frase que decía así: “Te revelaré una cosa secreta, existe una planta cuya espina se clava en la mano como la de una rosa; si la consigues la vida encontrarás”.

(Pensé que tal vez fuera ZEN pero ella me dijo que era Gilgamés, el inmortal –personaje de Lucho Olivera(1942-2005) de un texto muy antiguo). Se sentó y cerrando el libro dijo: “mi Papá venia todas las noches a mi habitación cuando Mamá dormía, o por lo menos eso era lo que yo quería creer, y con la luz apagada se sentaba en mi cama y ponía su mano sobre mi pecho mientras yo me aferraba al cuello del camisón, hasta que él presionaba suavemente, lo que ra la señal para que cediera. Bajaba mis brazos a los costados y dejaba que hiciera. Esto fue así durante cuatro años desde los nueve hasta los trece”.


“Un día una amiga que no sabía nada de esto, nadie lo sabía, me regaló un libro, yo se lo agradecí, aunque debo confesar que no me gustaba leer. En realidad nunca lo leí, pero una noche antes de pagar la luz necesité tener cerca a mi amiga entonces abrí al azar, esperando encontrar algo que me la recordara. No se algún personaje....y allí estaba la frase. La sobrevolé, pero de pronto me pareció comprender, y ya no la quise dejar, y la leía una y otra vez”. (Mi mente resonaba con intensidad en un pulso que se iba haciendo cada vez más fuerte; mientras ella hablaba con la serenidad de quien ha sublimado su drama, se me caían las lágrimas, pero nunca intenté detenerlas).

“Creí ver que si deseaba encontrar la vida, encontrarme a mi misma, íntegra digna y respetada debía revertir todo este dolor transcurrido transformándome en esa planta, erguida y firme, que no se deja avasallar sino que se defiende sin perder su aroma. Esa noche no bajé los brazos a pesar de que apretó y apretó y no lo hice nunca más”.

Me levanté, la abrace muy fuerte y en un susurro me despedí. En el ascensor rompí a llorar.

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