jueves, 12 de febrero de 2009

ANTES DE QUE ACABE EL DIA ( I )

A la gente no le importa
ser atraído a ganancias
materiales, ni esfuerzos
desmesurados.................
...hay que posibilitarle la
bondad de lo mas valioso:
¡EL TIEMPO!
¡Vivamos hoy! El pasado
no importa: es hoy y el ahora.-


Antes que acabe el día pueden pasar tantas cosas.....absolutamente impensadas, sacadas vaya uno saber de que extraña galera infernal o paradisíaca, y ¿quien que haya vivido, atesorando cada esquicio, puede decirme que esto no sea cierto?.



Veamos, Ernesto era un agradable hombre joven, casi introvertido, y mantenía un romance –total- con Elsa encuentro al que llegaron después de otras vivencias.

Al día siguiente él debía viajar, por su profesión de agente vendedor itinerante; ella tenía una actividad dual: era profesora infantil de violín e integraba una orquesta prestigiosa.

El momento se complejizaba, en la víspera del viaje de mañana que coincidía, con el concierto de ella que era signo de su diploma en el mundo del arte.

Ernesto la desencantó conque esa misma tarde tenia comprometido, con ese horario, una reunión de directivos para dar la puntada final a la estrategia de su viaje, lo que le impediría asistir al evento, al separarse convinieron en encontrarse, mas tarde, por la noche, a cenar, en un fino restaurante, donde él ya había reservado una mesa para las 22 .

En ese momento detiene a un taxi para que lo lleve a su cita comercial, circunstancia en que se produce con el conductor un sorpresivo intercambio coloquial:

-Conductor: dispense señor...¿se siente bien?
-Ernesto: si porque me lo pregunta.
-Conductor: advierto cuanto menos una preocupación.
-Ernesto: si es cierto ¿como lo sabe?.....estoy confuso.
-Conductor: a un taxista, como a un Barman- que no solo prepara cockteles para la gente elegante, los prepara (con algún ingrediente secreto) para alegrar las almas, por eso no se nos escapa nada, nuestras experiencias en el trato con las gentes no hacen expertos y agregó: lo suyo debe ser sentimental.
Ernesto: es cierto. Tenía que acompañar a mi novia.....y no lo hice.
-Conductor: lo mas importante en el amor es amar: ¡ámela pues!.¡El tiempo no alcanza!. Suele ser escaso.

Ese catalizador, que fueron las sabias palabras del taxista, actuó de disparador y Ernesto reordeno su plan, iba a la reunión pero la aceleraría. Ganando los minutos para que no se escapara el tiempo, sorpresivamente el taxi se detuvo dos cuadras antes, y al advertirlo:

-Ernesto: preguntó todavía falta, ¿porque se detiene aquí? –estacionados frente a una florería-
-Conductor: ¡no va ir con las manos vacías! ¿verdad?.

Ernesto se incorporo de su asiente, compro raudamente un ramo espléndido de flores, llegó a la reunión de trabajo, y tuvo tiempo de asistir al concierto.

Elsa resultó gratamente sorprendida. Finalizado el concierto mientras todos la saludaban a ella, su alumno predilecto se acercó a agasajarla y Ernesto estuvo poco cauto, exento de tacto, apuro la despedida del niño que quedó desairado y su profesora dolida.

Llegaron al restaurante, ella no estaba totalmente satisfecha, no solo, por lo referido sino porque había algo que no funcionaba, y con pena creciente lo fue expresando, subyacía en él una frialdad que no entendía ni podía quebrar.

El inquiría cual era su solicitud, ella confeso que la intimidad que frecuentaban estaba ausente de intensidad que el amor imprime, espontáneamente, cuando estalla, y agregó nuestra vida no debe depender del capricho del otro, solo de una decisión consensuada.

Ipsofacto se levantó llorosa, y salió corriendo del local ante la mirada absorta de los ocupantes de las mesas adyacentes, para quienes no paso inadvertido el suceso.

Entretanto, Ernesto dudo un instante, se levantó y corrió tras ella. La alcanzó en el momento en que ella abordaba un taxi –casualmente el mismo que había llevado a Ernesto, a la florería- ella ya se había sentado, y el desde la puerta, todavía abierta le pedía que no se marchara; entonces terció el chofer preguntando con énfasis:

-¿sube o se queda?

La duda lo envolvía todo, el conductor insistió:

-¡No queda mucho tiempo!........¡es su decisión!

No hubo resolución, la puerta se cerró, y el taxi arrancó.

Al llegar a la esquina, unos 50 metros, el semáforo se puso rojo. El taxi se detuvo, Ernesto reaccionando corrió, quizás quería enmendar tanto estado dubitativo, la luz verde dio paso al taxi, que desde luego no iba a alcanzar, en la siguiente, el taxi choca con otro vehículo, él corre desesperado, intervenciones, policías, ambulancia, hospital con internación de urgencia, ella desde la camilla, ya entubada, alcanza a verlo, y el a ella a través de la mampara vidriada, Elsa parece exhalar, su último suspiro que desvanece su vida.

Al volver a la casa compartida, Ernesto desplomado, sumido en miles de auto reproches, llora con desconsuelo, interregno en el cual, mientras camina nerviosamente de un sitio a otro encuentra una suerte de diario de Elsa, al que se abraza con devoción, mientras entre lágrimas divisa una partitura –doblada entre sus hojas- de la autoría de Elsa, de cuya genialidad el no se había avisado, cuya letra rezaba:

“Ya se que no sabes
lo que siento, aquí,
dentro, muy dentro mío
y, necesito decírtelo...
...el tiempo no espera”

Advirtió que su reloj detenido se había averiado a las 23....se hallaba extenuado, se abrazo a aquel diario y cayo vencido por el dolor en un profundo sueño

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