jueves, 12 de febrero de 2009

Y BIEN...CREO QUE LO SE

Y BIEN....CREO QUE LO SE
(Transversalidad musical)

Los escritores tardíos nos queremos adaptar a la brecha generacional, cuyo avance pugnamos por alcanzar con superlativo interés.

Así incursionamos en el MUSEO DE LOS ESFUERZOS INUTILES –Cristina Peri Rossi- (1983), que hace de disparador; en una primera lectura, si se presta poca atención, podríamos decir que el texto es simple, liviano, pero conocido el cuidado puesto, en la selección de autores, nada nos va a sorprender.

Entretanto en una segunda lectura, la construcción de las frases, nos permitirá advertir que a veces, al dar vuelta una copa, pueda surgir un castillo de perspectivas. Esa es la sensación que nos deja.

O simplemente, equivocarnos y asistir a un relevante esfuerzo que nos pone entre la espada y la pared, e imaginarnos caminando por aquel museo preguntando si lo que vimos es una enorme variedad de frustraciones, que sumadas, dan ese cúmulo de esfuerzos sin destino.

De pronto era domingo, 17 hs la T.V. irrumpía el aire, con un concierto dirigido por Daniel Baremboim, con la Filarmónica de Berlín interpretando la 9ª. Sinfonía de Ludwig Van Beethoven, en re menor, op. 125 “Coral” que quien la escuche no pueda evitar, quedar suspendido en la magia de los acordes, notas y silencios, que propone la música, para escindirnos del mundo cotidiano, dejándonos navegar en el espacio absorber su energía y recomenzar.

No obstante, puede ser que el intento –DE UN ADULTO MAYOR- por lograr creatividad, impida la superación, y estemos frente al catálogo de un caprichoso ministerio de los asuntos privados, contrariando la búsqueda de penetrar las partes secretas de las cosas.

La gran orquesta había comenzado con el primer movimiento: Allegro ma non troppo, y para el neófito –si está acompañado por un entendido- a cada observación sobre los ejecutantes, agudiza sus sentidos y percibe lo que en soledad no es fácil incorporar.

Alguna vez, por otra parte, incursionamos en la tecnología mediática, como invitados, en una Biblioteca de analfabetos, seres mediocres que se ufanan de tal fasto y. que simultáneamente, custodia sus propias falencias al no lograrlos.”Per se” Lo que estamos recibiendo son conocimientos enlatados, que solucionan circunstancialmente una necesidad, sin ilustrarnos acabadamente, malogrando esa comodidad.

En un concierto, todo es diferente, hay modulaciones, eso si, pero hay continuidad, al instante, oímos el segundo movimiento: Molto Vivacce., no le vamos a hacer un elogio a la impronta de un Director de fibra, con la herencia trashumante y nómade, de sus ancestros, que ha recorrido el mundo acorazado de merecidos triunfos en diferentes campos,


Advertidos que la coyuntura nunca es fácil de abordar, y parafraseando a Roberto Arlt de “Ventanas Iluminadas” –en sus Aguafuertes porteñas- nos muestra un código, una señal, pinceladas de la vida misma de tiempos pretéritos, donde ser desposeído, nunca fue fácil y enfatiza que no ser adinerado no es óbice para ser una buena persona, Y acceder a los dones de la vida.

La belleza de la catarata musical, nos sigue atrapando, ahora el movimiento: Adaggio molto cantabile, por un momento uno escapa a la realidad, y sin embargo cree que vuelve, desde la armonía exterior para ubicarse en otro ángulo, que lo hace todo mas acequible, mientras nos alejamos de la ilustre ignorancia, en medio de esta inopinada invitación sonora.

Pero, recalemos Ya en el imaginario colectivo, se ha acelerado tanto esta modernidad veleidosa y esquiva que se recicla en si misma, con realizaciones inmediatas que exigen, de pronto, entrar en los laberínticos estrados de las ejecuciones sumarias, sin reparar en la sabia recomendación de anclar, previamente, en la mesura, para que el juicio apresurado, no sea de tardía reparación.

Sin intervalos está aquí la variedad plural, que nos mece, con esa varita encantada de Baremboim, ahora, el coro se integra en la: “Oda a la Alegria” y todo parece estallar, se lucen cuatro solistas (femeninas) Soprano y Contraalto y (masculinas) Tenor y Bajo, cuando el singular maestro, bañado por el sudor de sus logros, realiza el gesto triunfal del cierre, la sala se viene abajo por 15 minutos de fervientes aplausos.

El orbe, como gran teatro del mundo, es para nosotros una vidriera para que “el espacio vacío”, donde ocurre todo, alcance a que la palabra – o una nota- se haga vaso comunicante, y cada escena apenas nos da tiempo para su celebración o abucheo –no es este el caso- ya que de inmediato nos sorprende, con su vertiginoso ímpetu, pasando rauda, al siguiente esquicio sin solución de continuidad, hasta que baje el telón.

Así que, entonces, nada custodia el auto engaño ni modestos ni poderosos debemos estar en la fría galería de las estatuas que nos hagan invisibles, la grandeza del hombre no está en la gélida replica del mármol o bronce, sino en la riqueza interior.

¿Quien podía haber imaginado, salvo que fuera omnisciente, hace 60 años, que en ese lugar un insigne ciudadano del mundo nacido en Argentina, de herencia judía, buceador incansable de la paz en medio Oriente, fuera aclamado de la manera que todas sus virtudes acreditan?.

La letra cantada por el Coro y la elevación de la calidad de los solistas, hizo que el concurso presente reclamara con respeto, y el fervor, traducidos en sus educadas peticiones ese Bis que, paradojalmente no pueda consagrar a quien ya esta en el cenit, a lo que el Maestro accedió con Tristán e Isolda de Richard Wagner, otro genio de signo opuesto....como si algo comenzara a cambiar en la existencia de todos.

Es hora de aventar todos los anatemas, abracemos el mito de todas esas criaturas de la fantasía, donde el héroe y el gusano merezcan la gracia de la victoria, mientras acabamos de transportarnos con los vahos de la mejor caricia.......la musical.

Para finalizar tomemos de Friedrich Nietzsche: “el individuo ha luchado siempre por no ser absorbido por la tribu, si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado, pero ningún precio es demasiado alto
Por el privilegio de ser uno mismo”.


JFA 11-07-2008.-

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