GUILLERMO. Personaje que soluciona todo con la mirada
“SERIA INCOHERENTE QUE ME OPUSIERA
A QUE UN ESCRITOR COMA DE LO QUE
ESCRIBE, PERO SI LO QUE ME PARECE
DENUNCIABLE ES QUE ESCRIBA INCLUSO
CUANDO NO TIENE NADA QUE DECIR”
JOSE SARAMAGO
ESCRITOR PORTUGUES-1922
Cuantas veces, frente a la hoja en blanco, la responsabilidad de lograr que lo escrito trascienda, alcanzando al lector, nos obliga a discurrir con mesura, lo que vamos a decir para que no se frustre en el intento.
Salvando las distancias, es como en el teatro donde en “ese espacio vacío” –el escenario- donde todo sucede, el actor vibra poniéndose tantos ropajes como pieles asuma vivir; en la literatura es similar, es menester llenar la hoja vacía con meduloso mensaje acreedor de ser aceptado.
Hoy, en este recuerdo, anhelo corporizar a un gran amigo. Guillermo –médico- que conocí cuando era estudiante y revistaba en los Servicios Sociales Bancarios, en la década de los años sesenta.
Visitaba aquel lugar de trabajo en mi carácter de promotor bibliográfico oportunidad en que lo suscribí a una colección, y así periódicamente volvía a entrevistarlo para que reiterara sus adquisiciones por otras ofertas. De esa manera fuimos trabando una fluida amistad.
Mas tarde el se caso, tuvo hijos – un casal- y Guillermo se hizo nuestro médico familiar y atendió, también, a mis padres y a mis suegros.
Recuerdo que la parte amistosa de nuestra relación se inició ante mi insistencia sobre una molestia respiratoria que contraje durante el Servicio Militar, cuyas secuelas no lograba erradicar y que él invariablemente soslayaba, hasta que un día de dijo:
-“Mire, yo lo voy a curar, pero usted me deberá condonar la deuda”.(por lo libros).
-Desde luego, ¡como no!. Le respondí. Sabía que era un chanza. Le había cobrado mucha fe, cada vez lo conocía más, un ser humano sensible, sapiente y respetuoso.
-Entonces me dijo: “ mi hermana tiene lo mismo que usted y le he indicado.....Eran dos inyecciones reconstituyentes de los tejidos que me aplique durante dos años sin el resultado apetecido, y no perdía la confianza. Pero después de esos dos años la afección despareció en un 95%.
Cuando, años después, mi gestión comercial, con emprendimiento propio, tuvo algún suceso, y una díscola empleada faltaba a su compromiso laboral, le encomendé como mi representante médico, que la visitara en su domicilio.
La empleada aducía padecer “Cancer”. Guillermo era un médico inquieto: alópata, iriólogo practicaba medicinas alternativas, y cuando me elevó su informe. La “enferma” gozaba de excelente salud. Se restituyó al trabajo, pero renunció seguidamente. Más tarde me enteré que se había casado y que tenia un bebe. De la enfermedad nada.
En otra ocasión, un socio circunstancial, de un pool de compras que integré en el gremio del libro, tenía una hija de 13 años que estaba afectada de raquitismo. Y anteriormente había perdido a su hijo varón primogénito. Estaba desesperado.
Lo oriente con mi gran amigo Guillermo que bajo su atenta tutela se recuperó. A los dos años, cuando cumplió 15, sus padres la celebraron con una pomposa fiesta. Ella era entonces una delicada y atractiva muchacha en su plenitud. Ahora frisa los 50 años, es médica neuróloga.
Guillermo era un profesional único, de aquellos médicos de cabecera sumamente conciente que lo dominaban todo era ese ”personaje que lo soluciona todo con la mirada” curando todo lo inherente al aspecto físico, porque en las enfermedad del alma, esas ya requerían otra historia......
JFA 18-08-2008.-
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