miércoles, 18 de febrero de 2009

SENTIMIENTOS

S e n t i m i e n t o s

Atolondrado, lo había titulado su madre, con dulzura, luego que tuvo un tras pie, en la tarde que dejaba un claro-oscuro en la habitación silenciosa. Eduardo, se tiró en un sillón de tres cuerpos estaba inmóvil: su madre, lo mismo, arrellanada en otro individual.

Solo suspiros al aire, algunos ahogos, y ese dejarse estar, de la progenitora cómo suspendida en el tiempo, entre el crepúsculo que lo invadía todo, y sus ánimos que disminuían.

Hay que comprender, el cuadro de situación: después de veinte años, Isabella, la hermana de la madre de Eduardo, había viajado, por fin, desde Italia, en un periplo exiguo desde el 18 al 30 de enero.

La enorme alegría del reencuentro lo absorbía todo, eran abrazos interminables de dos hermanas muy unidas, que las circunstancias de la vida, había separado físicamente. Ahora nada importaba, ni los tropiezos que los rostros iluminaban.

Los días eran cortos, las hojas del almanaque, parecía que caían con una celeridad desusada, y ellas tenían un cúmulo de cosas y recuerdos, que repasar y decirse, una y mil veces, como si no lo hubieran hecho nunca..

Eduardo, tomando distancia, más equilibrado, les había advertido que el día 30 llegaría puntualmente, y había que asumirlo de entrada, para mitigar la pena de volver a alejarse.

Por eso aquel 30, se asemejó, como, lo intuía, al día en que se pierde algo de valor, por eso Eduardo, anticipándose emocionalmente exclamó: ¡caramba, la vida no se ha extinguido, ya habrá otro viaje, lo prometo, y.... antes de lo previsto!. Solo entonces partió Isabella, con una promesa, en sus puños cerrados.

Eso tranquilizó las aguas, aparentemente, pero como la madre lloraba y suspiraba lánguidamente, él le recordó, como para volver la página: ¡vamos no te pongas así! que mañana es mi cumpleaños.

Ella, se serenó, recordó la alegría conque lo recibió, aquel jueves, 28 años antes, a ese hijo tan querido; ahora el ambiente, se encendía, en medio de la magia del amor filial, y poco a poco fue quedando sumida en un dulce reposo, orlada de tantas emociones, entonces, las tinieblas eran tan densas, que se podían tocar con los sentidos.

Buenos Aires, Marzo 22, 2007 JACQUES FARJI ABULAFIA.-

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