PACTAR UN SUPUESTO ENTUERTO
De mi dilatada vida, fructífera en todo sentido, ganando amigos, y con una agradable profesión, que asumí como un sacerdocio: vender libros desde los 16 años y claro, para ello incursionaba en todos los ambientes: escuelas, comisarías, hospitales, oficinas públicas o privadas, fabricas, embotelladoras, destilerías, hasta estudios de T-V.
Naturalmente estoy memorizando el Canal 7, en los espacios que ocupaba detrás del actual Alvear Palace Hotel, en el almanaque transitábamos fines de la década del 50 y me hallaba abocado a la difusión de las obras de la Editorial Sopena Argentina., entro en un estudio donde las dimensiones eran enormes quizás 50 x 30 metros, piso todo de madera de parquet plastificado, escenario, un enorme piano de cola, algunos utileros, algunos actores, uno que otro director, toda gente a la que tuve la suerte de conocer y a quienes les vendía asiduamente; Pinki, Adolfo Salinas , los directores de cámaras; Nicolás Del Boca – padre de Andrea- Rubén Marucci, y otros notables entre ellos Alberto Olmedo , que seria ese actor cómico de una gracia sin igual. Yo lo frecuente cuando manejaba los tableros de controles y era sumamente introvertido, con una personalidad de un perfil bajo –todo lo contrario de lo que llego a constituir cuando fue el atractivo, por años, de los carteles teatrales y cinematográficos de Buenos Aires, Mar del Plata y el país hasta su triste partida.
Y bien, en ese gran salón, de pronto, se cierran todos los accesos y quedo atrapado en su ámbito, bajan las luces, me pongo en un rincón como para no molestar ni hacerme notar para que me inviten a salir, lo que seria un bochorno frente a mis clientes. Estaba Ambar La Fox, su Esposo el bailarín Maurin y la entonces pequeña hija de ambos –hoy Reina Reech- y como momentos antes había entrado un coreógrafo con un director de espectáculos musicales, buscando estrellas para su emprendimiento de esa vena, invitaba a Ambar La Fox , y era precisamente Maurin que la instaba una y otra vez a hacer la prueba, ella aducía que no tenia ropa, que debajo de la pollera tenia solo una estrecha bombachita.
Bueno, le dijo él, ¡que tiene! Hacelo igual. Se quito la falda y bailó –como los dioses- con sutíen y la estrecha bombachita.... ya me pueden imaginar con los ojos desorbitados, cuantos varones me estarían envidiando, y sin embargo no fue lo mas notable. La prueba, para un neófito como yo fue bárbara y la llevó al teatro para lo que fue seleccionada. Pero lo que me asombró entonces y mucho más hoy, a la distancia, es que la actual Reina Reech, entonces una nena que frisaría los 6 años, se encontraba avergonzada, escondiendo su cabecita entre sus manos. Digo, la paradoja, que ella luego también sería una “vedette” sumamente exitosa, hoy ya retirada hace de jurado en la TV y se dedica a la labor docente.
Por eso recordé también que en aquella ocasión, los flasches de los fotógrafos profesionales del canal lo iluminaban todo con las secuencias de los ajustados bailes y figuras que realizaba Ambar la Fox.
Por eso cuando leyendo, en la peluquería, mientras esperaba mi turno para arreglarme el cabello, diviso una de aquellas fotos, en las que aparezco con rostro de gran celebración, casi detrás de la estrella, me pareció divertido, casi una composición hecha de ex-profeso, Sonreí, deje la revista Caras y Caretas, por supuesto de este ilustre desconocido la publicación no se hacia eco, y... ya me invitaba el “coiffeur” a ocupar el sillón, y me olvide del asunto..
Cuando llegue a mi hogar, iluminado mi rostro, entro con una sonrisa de oreja a oreja no se si iba a comentar el episodio o ya me lo había empezado a negar, cuando ¡oh sorpresa! Se hallaba mi dulce suegra y me espeta:
¡Como lo envidiamos! Ud. si que la pasa bien......¿eh?
-No se.. ¿a que se refiere? Señora (me ataje), y atine a responderle.-
Vamos... vamos... no se haga la revista, esa era Caras y Caretas y ud, un ¡Caradurita! Yernito..... Como diciéndome que todavía no había salido de la cáscara del huevo.
-Ah. dije... en ese momento me fui al cabo y referí lo sucedido, como fue, sin sacar ni poner una como, yo no tenia nada que ver, salvo por la foto... y era bastante, aparentemente.
Por eso “si leyendo una revista de chimentos vemos que aparece nuestra foto y debajo de ella el artículo que justifica esa presencia allí” prometo no hacer avances de comentarios hasta no saber la realidad, sin dejarme llevar por las apariencias.-
JFA 23-10-2008-
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