martes, 10 de febrero de 2009

HABIA UNA VEZ...UN LIBRO

Había una vez...un libro

For: Ezequiel
Abaut:
“Biografía de un objeto”

Es probable que muchas gentes sepan, desde la más remota antiguedad, que un libro –que no era de ninguna religión, y que de alguna manera con versiones propias, era de todas;
que la respetaban los místicos y los fundamentalistas cuanto los liberales y avanzados reformistas, que llevaba implícita filosofía, que se regía por Códigos de vidas buenas, con parábolas plenas de ética que todos le daban valor adoptándolas, pero que paradójicamente no la cumplían desnudando nuestra condición humana, que se otorga con el consenso de todos, pero que una vez promulgados hacemos de ellos nuestro deporte favorito: “hacharle los tobillos”, eludirlas, soslayarlas, ver de que manera las burlamos acreditándonos en ello nuestra mas supina picardía.

Y bien, aquí estamos, han pasado más de 6 milenios; Adán y Eva se han multiplicado de manera geométrica y ya somos 6.400 millones quienes habitamos el planeta Tierra.

Los hombres hacen congresos, simposios, conferencias donde desarrollan sus intectualidades esbozando axiomas, conceptos, y dicen que se entienden en todas sus consideraciones finales, pero estamos todos contra todos, en pugna, formando bloques, unas veces los enfrentamientos son horrendos, otras simplemente las denominamos “Guerra Fría”, Ergo: mala disposición de las partes, insatisfechas, sin derramamiento de sangre, que naturalmente será el acto siguiente, el que sigue a todo tipo de amenazas.

Y miren que nos han advertido, desde antaño, nos han dicho: “Guay de los pastores que se pastorean a sí mismos” (Sto. Tomás de Aquino). Nos entró por un oído y se escapó por el otro.

Se nos ha explicado eruditamente: “Las leyes están hechas en amparo de los que todo lo, poseen y en detrimento de los que nada tienen” (Jean Jacques Rousseau), pero solo vemos asomar un atisbo de “gatopardismo” donde algo cambie, para que todo siga igual”.

En las páginas sagradas, Los Salmos, no dicen:

“Bendito es el hombre que nunca se ha sentado en silla de escarnecedores, antes bien medita en la Ley del Señor de día y de noche y sus obras serán como los árboles plantados a la vera de un arroyo, que dan el fruto a su tiempo y su hoja es perenne”.

No obstante hay hambre, hay menesterosos, hay enfermedades, hay desocupación, la educación es deficiente, faltan viviendas, nos topamos con facciones irreconciliables y no escuchamos aquello que es el meollo de las relaciones humanas, sociales y laborales:

“A tu siervo le pagarás su salario antes que se encierre el sol, el trabaja porque lo necesita, págale para que Dios no te maldiga”.
Traducido al idioma sencillo y cotidiano: para que tú subalterno no te mate como reacción por tu incumplimiento frente a sus perentorios menesteres económicos.

Y parece mentiras, todo está escrito en aquel libro de los libros y en todo cuanto texto de códigos de vidas éticas este dando vueltas por el orbe, pero... ¿para qué?... si es letra muerta, en los oídos sordos, de un planeta ciego que no alcanza a discernir como enmendarse.

¿Entonces que?

Sencillamente hace de los textos de un gran libro un mero objeto subestimado, cuando por años, constituyó un eficiente freno moral, en parte usando el temor al castigo, pero va cayendo en desuso, apodado simplemente como una fábula. De todas formas se me hace que si la literatura – si es solo eso- y evita el derramamiento de sangre, es buena. ¡Esto es lo que hay!. Claro que todos apelamos a la racionalidad del rebaño humano para vivir en paz.

Deploro decirlo, lo únicos valores en alza en “la bolsa de valores de la vida” son: el poder, el dinero y principalmente el rédito, siempre mezquino y excluyente, cuando en justicia, lo que merecemos todos, son reglas claras, con códigos reales o como quiera que se los titule es un reparto más justo –para todos- que ampare el nacer, crecer, multiplicarse y fenecer (cuando sea hora), sin apuros habida cuenta que de esta aventura existencial ninguno escapará vivo.


JFA 02-09-2008

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