martes, 10 de febrero de 2009

ESPEJISMO

E s p e j i s m o

Cuando se es joven, romántico uno cree que el amor en la pareja lo es todo, digo que es suficiente, donde, reitero amarse es todo.

¡Craso error!. No es así. Es más nunca lo fué.

Nancy y José Luis eran dos chicos que venían caminando juntos por la pubertad de hoy, desde la escolaridad primaria del ayer, del barrio, de la calesita...

Ella era de familia de clase media, igual que él. Estudiaban. Se veían por las tardes, se amaban, se besaban, y la caída de las tardecitas los recibía el mismo banco de la plaza, ese que ya era de ellos.

Hay cosas que no se olvidan, ella tomo la iniciativa y le dijo con
énfasis que lo amaba, el se atolondró, pasaba casualmente el vendedor y le compró un helado y otro para él, que la calidez del verano sumada a la de los novios, se los hacia derretir en las manos.

La pasión los envolvía. Se sentían uno solo, muy...muy juntos. Hasta que en la casa de ella comenzaron los aprietes, eran una pareja y los padres de la novia siempre quieren la formalización, claro él tenía 18, como ella, solo que todos sabemos que una mujer a esa edad ya alcanzó su integridad mental y física entretanto el varón a veces no.

Por parte de ella la cosa se fue enfriando, inducida por sus progenitores. El no lo quería, no lo podía admitir, era su fracaso y menos sufrirlo. Cuando terminó el curso de Electrotécnico, le salió una beca en la Escuela de Aeronáutica de Córdoba, y sin más trámite voló para allá.

El tiempo pasa, en un desfile militar de un lustro después, y como lo habían transportado a Buenos Aires para intervenir en el evento del 9 de julio, aprovechó para acercarse a la casa de ella. No la había olvidado, aún sin contacto, la seguía amando. Pero...¿y Nancy?. De modo que indago y supo que la familia se había mudado, pero en el mismo barrio. Quedó estático. Desanimado.

Estaba cayendo la tarde. El momento en que otrora...y se dijo ¿porque no? ¿ y si me encamino a la plaza, a aquel banco que fue nuestro?. ¡No le falló la corazonada!. Ella estaba...pero no estaba sola.

Sentada en el banco, y a su lado un esbelto muchacho, con una mano en el hombro de ella y la otra sosteniendo a un varoncito de 3 años quizás, calculo, dirigió su mirada otra vez hacia ella, desde la penumbra, ahora no quería hacerse ver, ¿para que?, y advirtió que ya estaba en la dulce espera, nuevamente.

Se mantenía oculto, el banco, aquel que fue de ellos le sabía a aquello de “el que fue a Sevilla perdió su silla”, a lo que se le adicionaba en sus pensamientos el dicho de que”jardinero que no riega sus plantitas viene otro y las riega”.

Se le humedecieron los ojos. Giró sobre sus talones y se perdió en la inmensidad de la ciudad porteña, ahora toda sombras para él.-



JFA 06-10-2008.-

No hay comentarios:

Publicar un comentario