PORTEÑAS PINCELADAS CAOTICAS DE UN ALMA APASIONADA
J.F.A 31.03-2008.-
La República de Villa Crespo, es en todo caso, un barrio emblemático, con el tiempo, de la primera SANTA MARIA DE LOS BUENOS AIRES, devenida hoy en Ciudad Autónoma. Polo de atracción para millones de turistas.
La del agente Carlitos, un gigantón de casi 2 metros de estatura, con bigote, rostro de bonachón, y una sensibilidad de “Argentina año verde”.
En efecto, era como un padrino cariñoso para todos los chicos, parecía un emisario de quien sabe que extraña dimensión que monitoreaba a los purretes –para que todos- estuvieran felices aventando que fueran tentados para pertenecer a Palermo, Belgrano, Recoleta o Parque Patricios, que sonaba bien y sin embargo era aledaño a la “quema”.
Aquí estaban los estadios de Chacarita Juniors del que el Tío Salomo Guini Secretario perenne de la Comunidad de Camargo era fanático, aun antes de haber sido “motorman” del Tranvía Lacroze, y el Legendario Atlanta de Don León Kolbowski -afamado comerciante en Cuadros y Pinturas- vistió a sus colores con galera y con bastón en oportunidad de traer al club estrellas rutilantes como Adolfo Pedernera y un Burgueño que, sumados- hacían rodar el balón brillantemente sobre la verde carpeta del cesped. Y en sus viejas tribunas de tablones, orladas de simpatizantes, bullía la pasión, esa única, incontenible.
Aquí no había barras bravas, solo las hinchadas con un fervor desbordante, y entre ellos el sabor de un “Clásico Autóctono del deporte barrial, con un sabor y una medida singular que no le iba en zaga a un River-Boca.
Aquí teníamos, metido en el corazón, al eterno Don Osvaldo Pugliese, La Yumba, Recuerdo, y el tango más monumental, y todavía en Luis Maria Drago y Corrientes queda testimonio de su sentida evocación para el interminable maestro que manos arteras osaron afrentar y suprimir, destruyéndolo, sin conseguirlo.
Aquí están las Comunidades Islámicas en Canning (Scalabrini Ortiz) y Córdoba, y Ortodoxos de “San Jorge”, Los Católicos parroquiales de “San Bernardo”, los Semitas de Camargo, Acevedo o Murillo e intercalados los innumerables colegios laicos y comunitarios donde se educan, hasta la actualidad, nuestros niños.
Aquí, también, estaba aquel peluquero, mágico, que era imán para la juventud, y al que había que aguardar por espacios de 2 o 3 horas si querías ser atendido por él, hombre simpático sabia de todo: fútbol, Box, billar y Carreras; y de Mujeres la más aquilatada experiencia, dados, timba, y claro nunca tenia un mango. Estaba en Corrientes, casi esquina Gurruchaga. A la vuelta del tradicional y popular Café Izmir., una cuadra antes el Café San Bernardo, donde iba toda la grey, y para lo orientales más selectos el Café Buenos Aires, donde me llevaba mi abuelo Don Marcos Abulafia, muy respetado por sus amigos con quienes departía sus inquietudes, y a mi me convidaba un “naranjin”.
Aquí estaban los “SIETE GRANDES BAILES, SIETE”, de carnaval, en Atlanta, Club Social Villa Crespo, Villa Sahores, y nuestro propio reducto:”Caserra” (Camargo y Serrano) nos volvíamos locos, se disparaban todas las fantasías que albergábamos en nuestra arrolladora pubertad .Una vez en Corrientes y Thames, noche de papel picado y serpentinas, aproximándonos al Corso, nos encontramos dos bandadas: una de muchachas mayores que nosotros, que insinuaban acercamiento, la locura del momento me encendía y era capaz de irme con ellas, más serenos mis amigos me lo impidieron. ¡Vaya uno a saber de que mal me arrancaron, a la distancia se los valoro!
Otra vez en compañía de un amigo circunstancial, un agraciado muchacho, de ojos celestes –como reza el modelo, un Robert Redford y un servidor que no le iba en zaga, morocho sin nada que envidiarle, un Erroll Flyn, entramos juntos a un baile del Rey Momo en el Club Villa Crespo de Juan B. Justo y Camargo.
¡Abran cancha, muchachos que aquí esta el tango compadrón y sensiblero!.
Y al unísono, los dos nos obnubilamos con una delicada prenda morocha, despampanante, subyugándonos. Los dos la invitábamos a bailar, durante la pieza, cada uno decía su parlamento, él tuvo mejor labia, y la ganó. Se fueron juntos. Nunca más los volvía a ver. A veces se gana, a veces se pierde, esa noche no pude dormir, Conocí el polvo de la derrota. Por suerte hay revancha.
Por si queda alguna duda del texto sobre la estampa del autor ofrezco fotos de la época, claro, ahora con actuales me descalifico solo.¡Bah, es una chanza!. Pero las fotos están.-
Aquí el famoso colegio Francisco de Vitoria, de la calle Alvarez 240, que me albergó para comenzar a educarme, amparado por la Ley de enseñanza Laica 1420, con tópicos del Gran Sarmiento que sentenciaba; “Enseñar todo, a todos y en todo momento”.
Aquí “el barrio” como lo llamábamos a cada cuadra que identificábamos como “nuestra cuadra” era nuestro espacio, aquel paraguas proyector, por ejemplo: Alvarez entre Luis Maria Drago y Camargo, que era una, en desafío permanente con Alvarez entre Camargo y Padilla, que constituía la otra.
La planificación era: a la mañana ir a la Escuela, volver al mediodía a almorzar a casa, o picar de los polaquitos de enfrente –gente muy humilde- que almorzaban en la vereda un emparedado de zapallito condimentado con ajo, que me encantaba. Que se yo ¡caprichos de chicos!.¡Vaya uno a saber!.-
Y después desde la dos de la tarde hasta las 20 Hs, fútbol interminable hasta volver al hogar agotados y felices si habíamos ganado.
Por mi parte, a veces jugaba atrás de la Escuela que esta en Ángel Gallardo y Luis Maria Drago en su prolongación hacia el Parque Centenario. Allí jugaba de defensor y me apodaban “rompe huesos”. ¿Habré sido tan recio?.
Entretanto evoco los domingos por la mañana, si la cassette de la memoria no me falla había tres canchas. Una hoy es La Colonia (hacia caballito) la otra (hacia flores) es el Planetario, y en la que queda –la del medio- hoy parquizada, se jugaban campeonatos comerciales de 10 a 12 Horas.-
Por ejemplo “La Cabaña Tatay” contra Estudiantes. Un partido de aquellos, como todos, imborrables jugados a “cara de perro” y con gran lealtad. La cancha era tierra pelada, no había una mata de césped ni nada que hiciera saber que alguna vez lo hubo. “Era a la que te criaste”. Pero no puedo olvidar al arquero de Estudiantes, una maravilla
lo que hacia, en esas condiciones adversas, tirándose de palo a palo y evitar el gol una y otra vez. En medio de cerrados aplausos. Quedó en mi retina.
Entonces era hora de ir a comer los generosos ravioles, caseros, de seso amasados con amor de madre, por mi bella progenitora a la que amé y admire en su hermosura, tesón y bendita obstinación. Ella otomana de nacimiento, mientras tendía la cama y limpiaba su dormitorio me enseño, con unción encendida, las estrofas del Himno Nacional Argentino que siempre me estremece, erizándome la piel.-
En Ángel Gallardo y Luis Maria Drago, frente a la Escuela había una calesita. Todos queríamos ir, subir, y no solo eso, los varones y algunas nenas queríamos sacar la sortija. El calesitero hacia fintas, nos eludía, por fin el que la sacaba no era solo la vuelta siguiente gratis, sino era sentirse grande, como haber ganado un campeonato. Como girar la rueda del barquillero para sacar mas, o comprar helados, caramelos y chocolates....¿quien no ha sido chico alguna vez?.O quizás seguir siéndolo, un poco, siempre.-
Todos los chicos, escuchábamos L S 6 Radio del Pueblo, a las 20 hs. con una novela de singular éxito cuya figura femenina la encarnaba Elena Lucena-Chimbela-, su galán era: Adalberto Campos, y los acompañaba a manera de simpático cómico Audon López. –Churrinche-.A las 20 y 30, terminado el capítulo, bandadas de chicos salíamos a la calle a dar vueltas a la manzana corriendo como si fuéramos montados a caballo emulando la acciones de los héroes de la ficción radial, tan atrapante, para grandes y chicos.
Claro eran otras épocas.. No era peligroso que los chicos saliéramos a la calle. Por 10’, al caer la noche, a cenar y luego a la cama, rendidos por la faena del día con tanto desgaste de energías.
¡Ah! como olvidar los cines del Barrio: el cine Villa Crespo donde ví Aladino y la Lámpara Maravillosa, la alfombra mágica que era como una balsa pero que volaba por el espacio, o aquel Caballo árabe blanco y alado que transportaba al galán protagonista a rescatar a su amada de las redes del malvado y todo terminaba felizmente.
El Cine Rivoli, merece una anécdota, estaba comenzando a noviar y me cruzo con ella, mi novia, que va al cine con otra “chica”, las interpelo con naturalidad, como si nada y, resulto que la acompañante era nada menos que su Mamá.¡ Mi futura suegra!. ¿ Como es que cometí ese desliz sin darme cuenta?. La respuesta es muy fácil. Su Mama se había casado a los 14 años, mi novia en ese momento tenia también 14 años y su Mama contaba, entonces, 28 muy juveniles años. ¡Que papelón!. En fin son cosas que nos acontecen mientras estamos vivos.-
El Teatro Mitre entre tanto, realizaba espectáculos teatrales de la vena folclórica Idish, con señalado suceso durante mucho tiempo.
Y allí mismo actuó la hermana de mi novia, una niña muy joven Matilde (Beba) en la obra Los Mirasoles. De Julio Sanchez Gardel. Ella tenía verdadera afición por las tablas, pero había muchos prejuicios, donde una vocación interior se hacia tangencial con un tabú reinante en aquel momento.
Desde antaño las inundaciones hicieron estragos en el barrio a partir del Arroyo Maldonado Juan B. Justo, Camargo. Corrientes, Serrano, Thames, quedaban navegables. Hoy día todo son promesas, que lógicamente por lo que se trata” subnadan” en la mas honda duda.
Las pujas políticas de la hora entre Radicales con la fórmula Tamborini.Mosca contra la Conservadora Ortiz-Castillo. Gano esta última pero siempre se cuecen habas en las cacerolas políticas. Ortiz parecía bueno pero enfermo y le apuraron la muerte. Envenenándolo. Quedo el conservador Castillo. Luego revoluciones, dictaduras, Perón y nuestra contemporaneidad.
Villa Crespo tenía un par de cafés singulares, que se los llevaría la modernidad: uno “La Pura”, casi al lado del cine Villa Crespo que albergaba a la paisanada sefaradí diaria –mañana y tarde- el otro era El Bar “Agapito”, Corrientes casi Thames, que frecuentaba
“mi barra”, en las noches, por ejemplo nos quedábamos tomando algo calentito, y después nos parábamos en la esquina, helados de frío, contando nuestras variadas cuitas, al calor de los sentimientos hasta mas de las 2 de la mañana.- ¡Cosa de muchachos!
¡Ah!., aquella noche de San Pedro y San Pablo. Justamente había caído con la conmemoración del fallecimiento de Mi Abuelo Paterno, y el rezo religioso lo hacíamos en casa, fueron viniendo los invitados, era invierno, la gente se fue quitando los abrigos y poniéndolos sobre las camas de mi Hermano Marquitos y la mía.
El evento, trajo mucha gente, todos de la familia, de por si numerosa, que vivían en la vecindad. Entretanto termino la lectura del recordatorio, y antes que la gente se comenzara a ir, tras beber el café “a la turca” –de rigor- advertimos que mi hermanito menor, no esta por ninguna parte.
Pensamos: esta en la fogata. A correr, lo buscamos por todas las del barrio con mi afligido Padre y nada..... una mirada severa me erigía como culpable, porque como mayor debí monitorearlo. Por suerte la gente comenzó a prepararse, no querían dejarnos angustiados, al requerir sus abrigos empezaron a despejarse las camas y ¡Oh! Sorpresa debajo de los sobretodos y tapados fue apareciendo -placidamente dormido- el inefable y
perdido “Marquitos, así recuperado.
El mismo Marquitos al que me referí, oportunamente en clase, oralmente, que se había extraviado en el Corso De Carnaval, frente a la Comisaria 27, mientras Mi Madre departía con personas de su conocimiento y al regresar a casa, compungidos, después de la denuncia policial, lo encontramos en el umbral de nuestro hogar, Luis. Maria Drago 150, sentado esperándonos pacientemente, el inolvidable y muy “piantadino”.
Pero falta la frutillo del postre, si la memoria no me es infiel, corría 1944, una mañana soleada de julio, sobre el mediodía de la urbe porteña –en la República Soberana de Villa Crespo: Corrientes entre Gurruchaga y Serrano, me cruzo con una niña muy donosa, de hermoso rostro, puro, que iluminaba el Rey Sol, ojos bondadosos, naricita graciosa y respingada, todo sugerente a mis fantasías, que nunca fueron escasas, peinada con singulares trencitas, vestía traje sastre cuadrille, traía blusa de seda natural, calzaba zapatos de suela Creppe.
Imagino que está bien descripto como y de que manera absoluta me impactó su encuentro y el atildado paso con que se desenvolvía. Quedo como estampado a fuego que entrando por mis absortos ojos, ocupaba mi corazón. Pero fue eso nada más, y nada menos. Quiero decir mis pupilas radiografiaron la escena, que no quería perder. Le dicen:”corazonada”.
Por suerte el destino, una de esas cosas incomprensibles, accionó de Cupido, para que, una prima me invitara a un grupo juvenil, yo concurrí de inmediato, ella también me gustaba, pero lo que nunca imagine, que en ese ámbito del grupo habría de hallar a aquella “chica”, la de la fugaz radiografía, ahora podía estar a su lado. Empezábamos a ser compañeros.
Yo pujaba por estar cerca de ella, y alejar a los otros gavilanes. Fui persistente y mi asedio mereció que aceptara probar nuestra relación “por un mes”. Se tomaba sus recaudos. Pero la prueba se extendió a la actualidad en la que llevamos 64 años de noviazgo, con bodas de oro cumplidas, rodeados del amor de nuestros seres mas queridos en el 2002.- ¡PARA VIVIR ASI, MEJOR SEGUIR VIVIENDO!.-
Claro entre aromas de Anís, Café, Narguile, Barenequis, Kreplaj, Asados, Pizzas, Arengues, Pescado salado, Boyos, Kibes y lo principal de aquella Corrientes, angosta, que se ensancho dejando atrás a la original Triunvirato que nos amasaba a todos, sin odios ni rencores.......¿como no llevarte adentro nuestro si vos somos nosotros y nosotros –TODOS- somos tu esencia?.- UNA REPÚBLICA SOÑADA DE IGUALES. CALIDA UTOPIA DEL ALMA APASIONADA.-
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