La inquietante y blonda mujer
-Introito-
El Barrio, digo bueno todos los barrios porteños tienen sus casas señoriales. Otras pequeñas, palacetes opulentos, departamentos, torres, en fin .....pero tomemos una casona enorme en Flores, Palermo Viejo, Belgrano, donde decidamos: ¡ya está! que sea en Pompeya
Entonces ... es esa casa grande habitada por una mujer blonda, cincuentona, pero de las que dan la hora, antes que el campanario de la Iglesia y muy coqueta.
Ella – “la rubia”- vive sola, no sabemos, ninguno sabe el ¿porque?.No era de trabarse en conversaciones con mujeres o vecinos de la cuadra. Tampoco puede decirse que no era buena. Simplemente no se daba. Digamos que era “reservada”.-
De pronto, sin motivo conocido, ignorando incluso su carácter, sin decir “agua
va”, desapareció del barrio -no de la vida- y no se supo más nada de ella, solo quedó un boceto de su rostro, a mano alzada, escueto, solo delineando un contorno favorecido, como colmado de recuerdos, desde la comisura de sus labios rojos hasta su frente donde sobresalen la cejas perfectamente delineadas sobre unos ojos soñadores.
Toda ella, la recuerdan, perfectamente ataviada y un muy cuidado arreglo. ¿Como comprenderla?. No es fácil para el frondoso imaginario colectivo porteño. Pero por suerte nosotros tenemos nuestros códigos y no la vamos a sacrificar, antes bien la queremos caratular con generosidad. Es nada más, pero nada menos que una mujer: madre, novia, pero.....tratemos de entrar en el meollo de su historia.
Desarrollo tentativo de su historia
Hay datos en la boca de lenguas femeninas que relatan un romance, en la jerga popular todo se entroniza con simpleza. Pero con la suficiente hondura, en la pasión, que envuelve a un hombre y a una mujer.
Lamentablemente la lengua es femenina y la informante viperina, lo teñía todo de bajeza, cuando lo que en realidad hubo fue sublime.
Así fue que contaba que la blonda mantuvo un muy intenso e incisivo entrelazamiento emocional, y todas sus circunstanciales consecuencias con un muchacho camionero de fuerte contextura física y arrollador ímpetu.
Para comprenderlo había que saber que cuando él la acariciaba, haciendo abstracción de su formación rustica, humilde, se transformaba al punto de que ella se deshojaba en una entrega arrobadora.
Fue un auténtico romance de barrio, allá en el Sur donde se citaban para encontrarse bajo la tenue luz de almacén en la esquina donde él la esperaba, con esa ansia que le estallaba en el pecho, para que los alumbraran las estrellas por las calles de Pompeya con lunas tentadoras de su ámbito suburbano.
No se sabe, como la dicha se trocó en congoja, nadie comprendía la culpa que sobrenadaba y que no era asumida por ninguno, el carrousel de la vida seguía dando vueltas y sin darse ellos cuenta se fueron apagando la luna y las estrellas, y el sol que se hacia tibio, ya no calentaba.
El cielo alcanzado se venia abajo, todo se fue perdiendo, las culpas, si las hubo, no se compartieron, y ella se quedó sola........espero.......espero........hasta que no lo soportó más y se marcho en pos del camino doloroso de los sueños incumplidos.-
Corolario
Entretanto
El tiempo que es olvido y que es
memoria en el fuelle que gime,
bautizó a Manzi y así se enredo
con el Violín y entonces entró a
tallar la guitarra gentil de un
payador, mientras la irrupción
del piano conmovía a las almas,
y a todos envolvió el contrabajo
canyengue de un tango dulzón
JFA 07.07-2006.-
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