jueves, 12 de febrero de 2009

I N D I R E C T O

I N D I R E C T O

Un anciano que quería aprender a cada paso, como una premonición, creyó escuchar una voz distinta, de acento certero, levantó los ojos y, se le asemejo la figura de aquel atildado jurisconsulto norteamericano que conocimos como Wallace Stevens (1879-1955), que con sus verbos sencillos, pero urticantes, nos informa de andamiajes poéticos camperos, artísticos y muy singulares, que movieron, tras su lectura a expresarle:

“Tengo aquí, dentro mío,
tantas cosas que quiero
decirte, y no voy a esperar,
porque no sé que tiempo tengo.

Tus sentencias me ayudan a vivir
mi paso de una manera clara,
sin falsos cristales que deformen
la realidad, exhibida, a cada
instante en un pensamiento tuyo.

Y, entonces me baño en las aguas
cristalinas que corren aún sobre
las malezas, miro las estrellas
bajo el alucinante amparo de
la luna que ilumina el alma.

Desvisto a la ninfa de mis sueños
a la que solo llego por el hilo
bordado de la más excelsa pasión
para que desemboquemos juntos
en el paroxismo emocional e
imborrable de todas fantasías.

Porque lo que importa
es que, las remembranzas,
despiertén, nuevamente
esas ansias de
¡V I V I R ¡

JFA 01.07-2008







Confidencia-entre nos
PD/ Una pregunta de mi compañera Esther me llenaría de júbilo, trato de dominar mi ego, pero me caben las generales de la ley de la condición humana, cuando me inquirió:

-Esther: ¿de donde sacaste todo eso que escribiste? (naturalmente lo adscribía al tiempo exiguo que hay entre la consigna dada por Ezequiel, a veces sobre la hora del termino de la clase).-

-Yo – el peor de todos- no, claro ya lo había traído escrito de mi casa.

-Esther:( inocentemente como si lo comprendiera) ¡ah!

-Yo: ¡no.......no.....! me arrepentí, como habría de saber desde mi casa una consigna, que daría Ezequiel, sería lisa y llanamente sería un fraude, primeramente a mi mismo que no acepto para los otros lo que no soporto para mi, y luego a todos, con los que intento animar el taller lícitamente.

En ocaciones estos seres únicos e irrepetibles- que somos todos- a veces estamos en vena, más inspirados y somos más rápidos – otras veces como ha sabido pasar con Esther, a concluir la lectura de un trabajo suyo –hace una o dos clases- el aula estallo en salutaciones por lo bueno de su texto.- En fin un anécdota, más, para esta rica pluralidad que todos constituimos.

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