jueves, 19 de febrero de 2009

FRAGMENTOS CIRCUNSTANCIALES

Fragmentos circunstanciales


Cuando miró a su alrrededor observo que todo estaba cambiado, lejano. Entonces una vaga nostalgia se adueño de ella.


Rosa, la joven madre, se emocionaba con el cúmulo de sus recuerdos; cuando retornados a Colon (E.R.), la pena la perseguía, clausurando el ciclo matrimonial de su vida, ahora que Mario –su esposo- ya no estaba. Por los hijos había que sobreponerse, Pablo tenía su cumpleaños, y sus hermanos Javier y Gustavo, inquietos, querían agasajarlo. Ella también lo priorizaba pensando:


“Cuando los chicos vuelvan, estará todo preparado para la fiesta”.


Así fue, al amparo del agreste entorno, tras la vida familiar en la gran urbe porteña, se recogieron en el casco de la vieja estancia de la niñez, entretanto los muchachos seguían enamorados del terruño y de las chinitas.


“Acá nunca sucede nada” pensó Gustavo en voz alta, mientras observaba como lo caballos se alejaban de prisa de aquel lugar que ahora le parecía propio.

Otra vez estaban entrelazados con “la Pachamama”, vivenciando el mimetismo que guardaban con aquella tropilla, que retozaba por los campos: ¡eran libres!, como ellos, mezclados con la magnificencia de la naturaleza que orlaba todo el espacio. Salvando las distancias, para estudiar, estaban en Colon, o en último caso Buenos Aires no resultaba tan remota. Pero...¡algo pasaba!........







Los vecinos comentaron, durante mucho tiempo, la decisión que habían tomado algunos habitan- tes del lugar.


No obstante, con respecto al solar, todos conocían la alternativa difícil, que ecológicamente suponen las papeleras finlandesas y el conflicto con el Uruguay, con los cortes de rutas, impronta en la que Rosa se mantenía extrañamente imparcial, deviniendo un roce verbal con Javier.


“No me gustó tu tono de voz”, le recriminó, la madre a su hijo a la salida de la casa.


“¿Me perdonaras Viejita rezongona?.... Quiero decir; Gustavo tiene ahora ocupación en la estación de servicio, que en febrero facturó $32.000 menos, Y claro, habida cuenta de nuestras urgencias ¡si no hay trabajo todos perdemos!”.


JFA abril 20, 2006.-

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