E N T R A Ñ A B L E
Había una vez, un pueblito, ¡mi pueblito!
perdido allá, por la diversidad sur de América:
Carmen de Patagones constituía....
el terruño remoto, encantado.
Con una fuerza constante, emergía la brisa,
que en las ramas de los árboles, era preludio
del viento, que haría volar la arena, desde
los cactus resecos, en todas direcciones.
Cada tarde estival, cuando era propicia,
salíamos de paseo, con la cesta rebozando
delicias, para sellar el tradicional recreo
por el parque-chacra experimental.
Mucho antes de llegar, su proximidad era
anunciada por el aroma de una planta de
jengibre o de menta, los pinos y aquellos
eucalíptus, que lo envolvían todo,
a manera de mágico manto.
El sol, se escurría acariciante, entre el tupido
enramado, entretanto la compañía era múltiple;
la mano amenazaba separarse del cuerpo,
mientras asía fuertemente esa correa que
evitaba que la perrita pequinesa , tan
graciosa e inquieta, se extraviara.
Adornándolo todo, una imagen celestial,
tan bella como Mi Madre, excelsa,
a la que venero, con unción indeleble
en todas mis cálidas evocaciones.
Pero....hay un instante, excluyente, en su
último aliento, cuando aquel relámpago,
de sus ojos, indicaban que se escindía su
espíritu, en el momento tremendo, donde
la inmensidad, penetra el área de lo
incomprensible, mientras su alma, en vuelo
etereo, arropada en alas de ángel,
entraba en la eternidad.-
JFA 16-04-06.-
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