lunes, 16 de febrero de 2009

ACUARELAS

ACUARELAS
Y
LA EDAD DEL HOMBRE

MARCEL REYNARD

Envejecer es el único medio de vivir mucho tiempo.

La edad madura es aquella en la que aún se es joven,
pero con más esfuerzo.

De los disparates de la juventud,
lo que da pena,
no es haberlos cometido,
sino el no volver a cometerlos.

Envejecer es pasar de la pasión a la compasión.

Muchas personas no cumplen los ochenta porque
intentan, demasiado tiempo, quedarse en los
cuarenta.

A los veinte años, reina la voluntad,
a los treinta el espíritu,
a los cuarenta el juicio.

Quien no es:
bello a los veinte,
ni fuerte a los treinta,
ni rico a los cuarenta,
ni sabio a los cincuenta,
nunca será bello, ni
fuerte, ni rico, ni sabio.




Es verdad que cuando se
pasan los sesenta, son muy
pocas las cosas que parecen
disparates.

Los jóvenes piensan
que los viejos son tontos;
los viejos saben que los
jóvenes lo son.

La madurez del hombre
es volver a encontrar
la seriedad con la que jugaba
cuando era niño.

Nada va más a prisa que los años.

En los ojos del joven
arde la llama,
en los ojos del viejo
brilla la luz.

La iniciativa del joven
vale tanto
como la experiencia
del viejo.

Siempre hay un niño en todos los hombres.

A cada edad le cae
bien una conducta
diferente.

Los jóvenes van en grupo,
los adultos en pareja,
los viejos van solos.


Feliz el que fue audaz
en su juventud, y feliz
el que fue sabio en su
vejez.

Bendito el viejo en quien
se nota que los años han pasado,
pero solo eso; que han pasado,
y no se la ha quedado ninguno.

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