TIEMPO LÍMITE
I
(15 DÍAS EN EL DIARIO ÍNTIMO DE UN MARINERO)
Jueves l8 de enero de 2001.-
Soy Edgar Allén Fergusón, tengo 26 años, tripulante como marinero de primera del OSIRIS, un enorme barco de pasajeros que desplaza 40.000 toneladas tiene grandes chimeneas y es uno de los más hermosos del mundo y esta observación la hago a despecho de conocer y haber subido a todos los buques que dan vueltas por los puertos del orbe.
Estamos fondeados en Buenos Aires, soy afecto a la bebida espirituosa, entre ellas el buen whisky, me dirigí al Dock Sur visitando variados piringundines sobre las 2l hs. Estuve en un boliche que se lama Sweet Lady, pedí un trago doble, aun cuando ya venia en copas, en un rincón había una mujer rubia, bastante potable, que estaba sola, me incliné sobre la barra e indagué al barman sobre ¿quién es ella?.
--Es una mujer de pocas pulgas, que no quiere a nadie, me dijo. Así que evoqué el
viejo adagio de “un amor en cada puerto” y, me dije, ¿por qué no?.
Ni lerdo ni perezoso tomé mi copa, me acerque a ella, sobre el final de la barra, y me senté a su lado. Mascullé sensual:
--¿le gusta beber sola?
--Tanto me da, me respondió sin entusiasmo.
Yo había agotado el contenido de mi copa, miré el de ella y lo ví vacío. Me dirigí al Barman y le ordene dos whiskys en las rocas, que ella aceptó, acompañándome.
Soy conciente de que a veces tengo un aspecto descuidado, pero como siempre creo conducirme con sutileza y una natural calidez comunicativa es fácil liarse conmigo.
--Ella me miró a los ojos y me dijo decidida: no quiero volver a enamorarme
Súbitamente nos miramos, otra vez, conviniendo en salir juntos. Cuando nos encaminábamos hacia la calle, el Barman, con un ademán, le advertía a Ninon –que así se llama- que Mateo la requería por teléfono. Ella, excusándose conmigo, lo atendió.
Mateo era un hombre mayor, después lo supe, acaudalado, que la protegía y buscaba alivio con su compañía.
Ninon fue drástica. Se excusó con Mateo, le dijo que estaba cansada del trajín del día y que mañana hablarían.
Cuando salimos me preguntó si quería seguir bebiendo, a lo que asentí. (Continuando) ella me dijo: vamos al Maxi-Kiosco; Allí compramos cervezas, whisky y los conocidos ingredientes para copetín; por mi parte le había referenciado que era marinero, sin fortuna, embarcado, de modo que me invitó a su departamento.
Todo el ámbito lucía un poco descuidado, carente de higiene a fondo, pero en ese momento no era importante, claro. Bebimos y seguimos inmersos en la nebulosa que facilita el alcohol, hasta que vencidos por sus efluvios, nos dormimos; ella en su cama doble yo en un sillón del hall, todo entre gritos de los vecinos de al lado, una pareja, que reñían, parecía, a muerte.
A media noche, me desperté, no puedo explicar cómo pero me dirigí resueltamente a la habitación de ella, levanté la colcha y me acosté a su lado.
Viernes l9 de enero de 2001.-
Esta mañana nos encontró felices. Luego salimos a deambular por plazas y paseos, comimos frugalmente en un Self Sevice. Más tarde compré un par de botellas de whisky y volvimos al departamento.
En este viernes, bien entrada la tarde, Mateo la llamó telefónicamente, entonces, algo erizado, le arranque el teléfono de sus manos y lo increpé diciéndole que ella estaba con un hombre, y que no era muy paciente, que digamos, Mateo reaccionó enseguida y contrariado me cortó la comunicación.
Allí fue cuando Ninon me espetó: tonto, has perdido la oportunidad de que agotados tus fondos, yo comprara cosas para ambos.
Sábado 20 de enero y Domingo 2l de enero de 2001.-
Fueron, felizmente, una sinfonía inconclusa de acercamientos, aquelarres, plenos de lujuria y pasión. Ella me había trasmitido que no quería volver a enamorarse, cosa que insinuó inicialmente, pero.... era harto difícil para, un ser desprejuiciado, que enfocaba la vida con total desenfado, negarse a esa catarata de felicidad que se asemejaba a un oasis dentro de un lapso tan magro en realizaciones.
Otra vez debo citar los escándalos que producían los vecinos que no dejaban de enfrentarse a gritos y golpes, de él, y lágrimas y gemidos de ella.
Lunes 22 de enero de 2001.-
Teníamos agotadas las vituallas, sobre todo la variedad bebible. (Por principio), ella, mientras desayunábamos, en ropa de dormir, tomó la decisión heroica de salir a buscar trabajo, habida cuenta de que se alejaba de Mateo, que era como decir de los víveres, por una parte y por la otra ¡ojo! era una señal candente de que optaba por mi persona, de momento, por lo menos.
Cuando me quedé solo, seguí bebiendo y antes del mediodía me adormecí.
Cuando Ninon regresó me enteré de que no había conseguido trabajo alguno. Acorralada por esa adversidad, se sintió forzada a visitar a Mateo, obtuvo refuerzos monetarios y con ellos adquirió variados alimentos.
Cuando advertí concientemente lo que sucedía lo tomé como una afrenta personal, un exagerado agravio irreparable y entonces nos contagiamos de los vecinos y peleamos, fuertemente, al punto que me lastimó el rostro golpeándome con la parte metálica del cierre de su cartera.
Entonces, furiosa, se marchó.
Yo recomencé a beber y ahogar mi mal entendida hombría lesionada y en un rapto de locura tomé sus ropas de los placares y los arrojé desde el balcón del 4° piso al jardín de la entrada del edificio.
Seguía bebiendo y estaba encolerizado. Cerca de las l8 Hs. sonó el teléfono, era ella que trataba de poner paños fríos a la situación, acepté decididamente su impronta de arrepentimiento y cortamos; ella se encaminaba de regreso.
Entonces recapacité y recordé las ropas arrojadas al vacío, corrí al balcón divisando que todo se hallaba aún esparcido sobre el pasto, salí catapultado, casi en ropas menores, recogí todo y subí , debía colocarla, en sus lugares, algo que no memorizaba, usé diversos placares pero no los originarios, en ese momento sentí la llave girar en la puerta , aún no terminaba el acomodo, y salté sobre el sillón, como si nada pasara, donde me estiré, mientras ella irrumpía, se acercó, trató de minimizar la rencilla, nos acariciamos. Ella tenia sus piernas descubiertas casi hasta su pubis, aprecié lo bien torneadas que aparecían, cosa que recibió con el beneplácito de un requiebro.
Mientras tanto en las dependencias vecinas, no cesaban los gritos y las pullas de la otra pareja que se reiteraban.
Salimos a cenar y lo hicimos tal como si resultara una reparación merecida al buscar un ambiente de mejor calidad y mas íntimo que los que habíamos acostumbrado.
Martes 23 de enero y miércoles 24 de enero de 2001.-
Por la mañana del martes ella trató de buscar, otra vez trabajo; yo dediqué ese día y el siguiente 24 para volver al Osiris para contactos de rutina marinera.
Jueves 25 de enero de 2001.-
Estábamos inquietos por reunirnos nuevamente, recuperamos la impasse que nos habíamos impuesto. Ella no halló la ocupación intentada y yo sentía que los plazos se acortaban. El Osiris zarparía a Cuba el 1° de febrero.
Convinimos que Ninon sí o sí debía interpelar a Mateo, se acercaba mi partida, ella debía seguir viviendo y luego nos encontraríamos sobre las 20 horas en el teatro Metropolitan - cena previa- para disfrutar de una lujosa revista musical, en función trasnoche.
Me había quedado solo y los gritos de los vecinos sonaban otra vez como al borde de la tragedia, parecía que el hombre asesinaría a su mujer, corrí hacia la puerta aledaña, detrás de ella gritos y gemidos, golpeé una y otra vez, sin obtener respuesta, mientras parecía arreciar la trifulca, entonces empujé, pateé e hice saltar la cerradura que liberó la puerta y consecuentemente entré; atónito veía al hombre en ropa interior tratando de estrangular a la mujer, el me increpó por el daño material a la puerta y nos trabamos en lucha. Esta se detuvo cuando la supuesta occisa se sentó en la cama y a su vez me insultaba por intervenir en ese juego, en que ambos contendientes, perversos, disfrutaban.
No podía salir de mi asombro. Di media vuelta sobre mis talones para irme cuando el hombre tomando un puñal bramó no solo contra mi conducta sino contra mi aparición y corrió para alcanzarme trabándonos nuevamente en lucha. El vecino pugnaba por apuñalarme pero en una pirueta propia de ese momento el apuñalado, gravemente, fue él –eso creí- mientras la mujer gritaba y lloraba, tuve que actuar decididamente y huí, primero al departamento de Ninon, tome algunas pertenencias, llamé a emergencias y denuncié anónimamente el episodio indicando la dirección y citando al departamento de al lado. Ipsofacto volé a la calle. El día se terminaba con angustia.
Viernes 26 de enero, sábado 27 de enero y domingo 28 de 2001.-
Casi enseguida encontré a Ninon en la calle, la enteré de todo lo acontecido. A pesar de lo cual, fuimos al Teatro que ni disfrutamos. A la salida no nos atrevíamos a volver por lo que estos dos días, siguientes, sábado y domingo, también, deambulamos por la ciudad, pernoctando en albergues transitorios en medio de una profunda confusión.
Lunes 29 de enero de 2001.-
Volvimos al edificio, entretanto en el departamento vecino -el del suceso- reinaba el silencio, no pudimos saber cuál había sido el epílogo. Tampoco queríamos hacerlo, sólo nos empujaba el deseo de evadirnos no sin antes beber y amarnos. Tampoco había indicios en crónicas policiales, de los diarios de esos días, que lo silenciaron o bien fue tan light como para soslayarlo.
Martes 30 y miércoles 31 de enero de 2001.-
Por si las moscas me despedí de Ninon y me embarqué anticipadamente en el Osiris donde me recuperé de todas mis fatigas, pero no de mis temores, aún podía pasar cualquier cosa, una intervención policial, ¡qué sé yo!.
Jueves 1 de febrero de 2001.-
Mi suerte no fue esquiva, sobre las 10 de la mañana zarpa el Osiris, me encuentro en mi camarote y mis fantasías de anticipo vuelan, ahora, hacia Cuba donde me parece ver hombres y mujeres desnudos bailando en las playas de rubias arenas acariciadas por un tibio sol, entonces golpeo la pared a la manera de los bongoes y despidiéndome de Ninon canto:
¡QUEDE USTED CON DIOS!”
¡SEÑORA!
II
EL PRINCIPIO DEL FIN
En este punto, creemos –como todos- muy oportuno ese dilucidar un punto oscuro, no resuelto y escarbar los motivos puntuales.
¿Ya lo adivinaron?. ¡Claro que si!.
Exactamente, aquel entuerto del departamento de “al lado”, vecino al de Ninon.
Todos nos demandábamos ¿en que había quedado la reyerta de Edgar con el vecino y la puñalada?.
¿Porque Ninon no se hizo eco, en ningún momento del tópico, frente a Edgar, como si nada aconteciera?
¿Habría alguien más involucrado – de postín, claro, que se hallaba entre bambalinas?
Hay que tomar distancia y considerar varios items:
1° Estamos hablando del año 2001.
2° En este país gobernó desde 1990 una corriente más permisiva a todo tipo de comercio y penetración, donde se verifica un crecimiento del tráfico incipiente de drogas.
Todo como preámbulo al apoderamiento de una carrera a la distribución que se profundiza en forma mundial.
¿Y entonces?
Que allí reaparece Mateo con caracteres nítidos, en un plano delictivo policial, atropellando ordenanzas, con sus bolsillos profundos, que abastecían para todo y cuyos secuaces eran, entre otros “los vecinos de al lado” y la propia Ninon, con su en todo momento “yo no fui”, ignorando teatralmente lo acontecido, para lo cual claro, no tenía mucho que esforzarse.
Cuando todo llegó a oídos de Mateo que manejaba una profusa red de amanuenses, de inmediato ordenó sacar a los de al lado “ de en medio” –liquidación mediante- y a otra cosa.
Mientras Ninon se alejaba de estos entuertos, no por ser santa, sino por una premonición que rondaba su cabecita, “su propio tiempo limite”. Mateo siguió su siniestra carrera, hasta nuestros días, en que está gravemente inmiscuido con “cárteles” colombianos y mexicanos que se disputan masacre a masacre los territorios foráneos como si fueran sus dueños, para dar una batalla que no tiene fin.
Cuando Edgar ya estaba en Cuba, su paciencia saturada, la melancolía de perder al marinero que la había impactado, hastiada de Mateo, se encontró acotada por una situación que debía sacudirse. Junto sus petates y se marchó en la búsqueda de un mejor momento, advertida que la juventud, esquiva, no queda anclada, como el Osiris, ni siquiera 15 días, voló a la ciudad luz.
Así es como la acción se traslada a un teatro parisino, en una noche azulada, plena de público, millares de turistas...... en fin, un lleno total.
Los acordes llegan desde el escenario, donde se baila un tango apache con todo el halo que supone el marco de la histórica república de la “libertad, igualdad y fraternidad” y todo amparado a la sombra gigantesca de la Torre Eífel.
Lujo, ampulosidad y hasta ¿porqué no? un olor acre que presume esa acidez que está presagiando una tragedia, que se cierne como una tormenta cuando el cielo se hace oscuro, provocando temblar a la cúpula del edificio. Amenazante para estallar.
Ninon, se ha transformado en la atracción, es estrella del espectáculo, una cantante y bailarina – siempre lo fue- ambientada que parece autóctona, pero sin poder ocultar que frisa una indicimulable cercanía a esa madurez temida, mientras baila dando vueltas y vueltas, a las que adiciona las clásicas corriditas a diestra y siniestra, arrojándose al piso, simultáneamente golpeada – aunque hay visos de que, en realidad lo está, en su fuero íntimo- porque su cabeza danza en dirección inversa.
En sus deslices, hasta ahora potables, esta vez son pre-anuncio de concluir en la decepción de un romance asaz insoportable, para quien siempre elegía el terreno y el oponente, en cada escaramuza.
Ahora Ninon estaba entrelazada, fugazmente, con el adonis más joven del elenco: alegre, desenfadado, esbelto, entrador –como le gusta a ella y a todas, claro- él muy rápidamente se saturó, rompiendo la felicidad incipiente de Ninon, hecho fácil de interpretar, teniendo presente que ha iniciado dos “tramites” con un par de bellezas a cual mejor.
La función, llega a su término, se apagan las marquesinas, la iluminación queda apenas en tinieblas, mientras, entre bambalinas, se va urdiendo la trama ya no tan secreta de un desenlace, ella en un rapto por no perderlo, se le acerca y le musita, muy quedo, promesas y articula semblanzas, que espejan, horas recientes vividas, en común, que no se olvidan y quiere retener, por eso apela, desvalorizándose, para rescatarlas, sin comprender que ya se han esfumado.
Vuelve a su camarín compungida, y realista como un trapo deshilachado, se muerde los labios, nunca se había arrastrado así. Percibe destrozado su corazón, que le duele como un infarto, comprendiendo que “el pavo real no claudica”. Atrás quedó la sala, desierta, como ella, mientras él ya esta abrazado con la “de turno”, dirigiéndose para su camarín. La desairada, sola, en el suyo. Es la ley de la farándula.
Entra su asistente, quien ya conoce los esquicios de sus altas y sus bajas, le ofrece un whisky en las rocas para reanimarla. Ella le agradece con un hilo apenas de voz, y le solicita cigarrillos, la deja mientras va a buscarlos.
Tras cerrar la puerta, un sonido seco retumba todo el teatro, de inmediato un penetrante olor a pólvora hace la denuncia, se suceden gritos, corridas, urgencias por telefonear ese ¡SOS!, sirenas, “la Surete”, ambulancias y los primeros auxilios médicos, No queda mucho por realizar. El disparo fue en la boca concluyendo su pena.
Ahora, “el muchacho” recala en la puerta del camarín –que fue de Ninon- ensangrentado por la pasión, y deprimido, con un brazo izado sobre el que apoya su cabeza, donde todo compone un escenario, ahora mudo testigo –entre sombras.- de la tragedia mezcla de atracción y deseo frente a la juventud y el olvido.
III
COROLARIO
La sentencia estaba en la palma de la mano de Ninon, su suerte no estaba en Buenos Aires y no la hallo en Paris. Mientras se disipaba su recuerdo sonaba urticante:
EN TIEMPO DE RAP.-
(Chasqueando los dedos)
)
EL RAP DE “LA FRANCHUTA”
Paris, el del Moulín Rouge, y la algarabía,
noctámbulos bailan el tango apache del tranvía.
La Torre Eifel, monumental , majestuosa,
abrazándonos, a todos, en noche tortuosa.
.Una bandera la de la revolución: “Eternite”,
con dictados de : “liberte, igualite, fraternite”.
Ninon, la estrella, cantante y bailarina,
del pasado, con vueltas y vueltas ya desafina.
Lujo, ampulosidad, olor acre, ilusión,
y acidez, son esencia de la trágica función.
Del amor, recibió, “el adonis”, su entrega,
pero el exige elegir, su juventud alega.
Con luces apagadas, ella, entre bambalinas suplica,
él la rechaza, es la ley de la farándula, explica.
Ella musita tristeza, el la escupe y desprecia,
Ninon no puede aguantar: disparo, pólvora y sentencia.
De pronto es el que se reprocha, ya es tarde, es hora
de policías y ambulancias, se apago su voz canora.
Como siempre el despecho: tú por mi, yo por otro,
y otro al fin por mí. Ella no supo ver a ese otro.
Flashes, cámaras, locutores, reporteros mediáticos,
los curiosos de siempre, no es tiempo de matemáticas.
En el escenario, quedan esparcidas, las flores mustias,
mudos testigos de :atracción, deseo, olvido y angustías.-
JFA
18-07-2008
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